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DRAMATURGIA DEL CONFINAMIENTO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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DRAMATURGIA DEL CONFINAMIENTO

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Colectivo

de Creadores Escénicos Iberoamericanos

 

 

 

 





 

Alhilo Editorial:

Annabel Petit (Coordinación editorial). Ana Lucía de Bastos (Asesoría editorial).

Alexis Pablo (Diseño, maquetación y arte ilustrado). Elisa Narváez (Corrección de textos).

 

Coedición:

Daniel   Dannery. Skena Grupo Teatral. Teatre dels Argonautes.

Embajada de España en Venezuela.

 

© de los textos, Coletivo de Creadores Escénicos Iberoamericanos, 2021.

© de las ilustraciones, Alexis Pablo, 2020.

 

Presentaciones de las obras online: diciembre 2020.

En el “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del confinamiento”

404 Error /Year not found *

 

*Visualizaciones de las obras en el canal Youtube de Skena Grupo Teatral.

 

1era edición digital: 23 abril de 2021.

 

Depósito Legal DC2021000470

 




 

 


6

 
INDICE                AGRADECIMIENTOS

Daniel Dannery

 

8

 
INTRODUCCIÓN

Kleber Luiz Bosque

 

10

 
PRÓLOGO

Stylianos Rodarelis

 

17

 
RELOJ DE ARENA

Camilo Casadiego

 

25

 
CUARENTENA (Pieza para radio)

Antonio Cremades

 

33

 
AL VOLVER

Raúl Hernández Garrido

 

37

 
LA MALA VIDA DEL REY KRAUSS (Nunca Nadie Nada)

Yoska Lázaro

 

47

 
LOS RESTOS

Daniel Fernández Vargas

 

53

 
LA CASA LLENA DE VIENTO

Laura Biondi

 

59

 
LAS CENIZAS DEL DUQUE

Marcia Alejandra Césped Laplechade

 

73

 
AMIGOS

Gerardo Oettinger

 

81

 
EL PERRO FACHA

Luis Miguel González Cruz

 

83

 
108 DÍAS: LOS DÍAS NUNCA SON IGUALES

Kleber Luiz Bosque

 

99

 
SOLILOQUIO

Iris Hinojosa Pérez

 

105

 
LOS PESCADORES

Vidal Medina

 

109

 
UN NUEVO ESPACIO

Walmir Pavam

 

119

 
MÍRALOS

Erick Leyton Arias

 

125

 
LEJOS

Daniel Dannery

 

131

 
UN HOPER TAN QUIETO

Josi Alvarado

 

139

 
PANDEMIA

Nadia Rosero

 

149

 
CROQUETAS

Gerard Vilardaga Cunill

 

153

 
URBI ET URBI

Xavier Villanova


 

 

AGRADECIMIENTOS

 

*Ni en nuestra más remota pesadilla hubiésemos llegado a pensar que una pandemia nos tomaría de sorpresa y nos arrinconaría en una obligada distancia.

 

Mucho menos, para la gente de teatro, acostumbrada a los encierros voluntarios en esos espacios que solemos llamar hogar, el escenario. En lo personal lo que más extraño de ese lugar, es el olor, una variedad de aromas que mezcla el sudor del trabajo de los actores y actrices, del personal técnico en constante movimiento, y del vaho silente de los espectadores, una fragancia fantasma que se multiplica en cada función, en cada año y en cada época.

 

En Venezuela, nuestro carácter resiliente, nuestra voluntad de acero de ir contra corriente y sopesar cualquier deterioro cultural, implantado, debido a la miseria de pensamiento de quien nos aprisiona, nos ha permitido de alguna extraña manera, transformar, o de alguna forma mutar, los eventos negativos, en situaciones extraor- dinariamente positivas, sacando el provecho necesario para levantar nuestra magullada voluntad.

 

El encuentro del teatro con estas plataformas, me gusta pensar, ha venido a reivindicar su necesidad de existencia, a romper la ilusión de una utopía territorial para hacerla realidad en el mundo digital. Este encuentro es posible, porque decidimos traspasar las trincheras del hiperespacio, y nadar en el infinito algoritmo de las redes para darnos la mano a distancia.

 

Es por ello que agradecemos infinitamente la disposición e interés de cada uno de ustedes para llevarlo acabo y hacerlo realidad. En principio, extiendo mi abrazo por el cariño y la confianza a ese grupo de desconocidos/conocidos de dramaturgos, amigos, que conforman el colectivo iberoamericano, un proyecto que no existiría sin la labor de hormiga del querido amigo Kleber Bosque.

 

Gracias a Kleber por su plataforma de “Argonautas Hiperespaciales” y por esa in- vitación por Facebook que un día me hizo llegar en medio de la cuarentena para


formar parte de ese club de escritores y escritoras que hoy día se sigue expandiendo. Gracias también a nuestros aliados que sin dudarlo nos extendieron la mano con una confianza y entrega pocas veces vista, a la Embajada de España, Melba Rodríguez y la Consejera de Cultura Laura López García, a Queiroz Publicidad y su bastión Douglas Palumbo y al equipo editorial de “Alhilo”, en especial a Annabel Petit, por cuya dulzura y entusiasmo por las artes escénicas podremos hacer realidad la publicación digital de las obras que en esta semana se conocerán.

 

Al equipo de trabajo: Armando Andrés González, Vladimir Sánchez y en especial a Guido Villamizar, mil gracias por las horas y horas de llamadas, mensajerías y produc- ción que nos han traído hasta acá.

 

Finalmente, Skena Grupo Teatral, es un honor tenerlos en nuestro espacio, un orgullo poder servir de vitrina al teatro del mundo, justo en un año en que creímos que todo era imposible… pero donde nada es seguro, todo es posible.

 

Bienvenidos a este ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE DRAMATURGIA

DEL CONFINAMIENTO. La ventana está abierta, y están todes, todas y todos in- vitados a mirar a través de ella.

 

 

Daniel Dannery

Director y productor general del

“Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”.

Miembro del colectivo iberoamericano de dramaturgia.

Miembro de la agrupación teatral Skena.

 

* AGRADECIMIENTOS:

Laura López García (Embajada de España), Melba Rodríguez (Embajada de España), Alberto Isola,

Mary Ann Vargas, Alejandro Clavier, Styl Rodarelis, Yoyiana Ahumada,

Douglas Palumbo (Queiroz),

Camilo Casadiego, Marcia Césped Laplechade, Vidal Medina, Nadia Rosero,

Patrizia Aymerich,

Jordi Serra

y Pedro Mercado.

 

 

*Estas fueron las palabras que inauguraron la semana del EIDC el 07 de diciembre de 2020.


 

 

INTRODUCCIÓN

 

Colectivo de Creador@s Iberoamericano en Red. Un viaje y un aprendizaje

 

Hace ocho temporadas, el Teatre dels Argonautes inició un proceso de internacional- ización de sus actividades a través del DNI+D (“Nueva Dramaturgia Iberoamericana en Red”), con la complicidad de diferentes espacios y creadores Iberoamericanos. Du- rante este tiempo hemos firmado una serie de convenios con diferentes organizaciones latinoamericanas y de Portugal, que han hecho posible la organización en diferentes países del “Ciclo de lecturas de autores españoles”.

 

De este modo, en febrero de 2019 se impulsa el proyecto de dramaturgia “Colectivo de Creador@s Iberoamericanos en Red” donde participan autor@s de países europeos y de Latinoamérica.

 

Colectivo de Creador@s Iberoamericano en Red

 

El colectivo nace con un objetivo común: construir un proceso de escritura teatral dedicado a desarrollar una dramaturgia con ideas compartidas que experimente con nuevas fórmulas de lenguajes estéticos, técnicas de creación y narrativas, compren- siones de nuevos diálogos y provocación; todo esto enfocad@s en generar contenido de alta calidad y de vanguardia.

 

Construir actividades desde la escritura de un grupo de 23 autores de 10 países, marca de alguna manera la importancia de trabajar en colectivo más allá de nuestras fronteras. La Creación Colectiva Teatral es un método de producción artística que tiene como fundamento el incremento de las capacidades creativas de todos los implicados, y que de alguna manera crea posibilidades de una inmersión y un viaje en diferentes experi- encias de escritura teatral, además de un método de actividad de grupo que resalta las relaciones e interacciones en un nivel horizontal de cooperación.

 

El encuentro de autores de diferentes escuelas y pensamientos provoca un diálogo donde las experiencias son compartidas y se rompe con los prejuicios y resistencias. De esta manera surge un espacio donde las ideas se cruzan, un dramaturgo se contamina


con las experiencia y propuestas de un segundo o un tercero. Las complicidades que se establecen entre los creadores dentro del colectivo impulsan diferentes apuestas de escritura y mezclas de lenguaje, permitiendo que un autor utilice ideas de sus com- pañeros de colectivo y se abra a lo nuevo o diferente, un aprendizaje.

Un colectivo de dramaturgos evidencia que, independiente de las distancias y fronteras, los creadores teatrales tienen deseos, propuestas, ideas y sueños comunes que nos per- miten compartir desde distintas latitudes, pero próximos gracias a las redes sociales.

 

 

Kleber Luiz Bosque

Director de Teatre dels Argonaute.

Miembro fundador del colectivo iberoamericano de Creadores Escénicos.


 

 

PRÓLOGO

 

Teatro de confinamiento

 

Marzo de 2020: el planeta entero entra en situación de confinamiento. Unos tras de otros, los países van cancelando su vida diaria y el mundo entero entra en un periodo donde la gente suspende todas sus actividades. En nuestro caso, el teatro queda en PAUSA. La gente está en su casa y los pocos que salen lo hacen para comprar comida o medicamentos.

 

El mundo gira detrás de una ventana… el mundo gira delante de una pantalla… Las llamadas se convirtien en videollamadas, la educación se imparte a través de platafor- mas como zoom. Después de los primeros meses, después del primer choque, después de los primeros quince días, todo el mundo se dio cuenta de que esto no es algo pasaje- ro… Va para largo, así que la reacción por parte de la gente de teatro no se hizo esperar.

 

Con un arma potente —en estos tiempos— que se puede llamar teléfono móvil u or- denador portátil, los actores se pusieron delante de la cámara y empezaron a improvisar monólogos. El teatro se convirtió en un arte de dos dimensiones y entró en las casas de millones de personas en varios idiomas, en todos los idiomas del mundo. Las funciones que ya se habían visto en el escenario teatral pasaron ahora a otro tipo de escenario. De pronto aparecieron concursos y muestras de esta nueva dramaturgia. Una de las primeras iniciativas fuera la que yo organicé bajo el título de “Teatro de Cuarentena”, en la que participaron unos setenta dramaturgos y dramaturgas de lengua española. Otro caso fue el “Teatro de Confinamiento” organizado por el Teatre del Argonautes, cuyo inspirador fuera el dramaturgo. Kleber. En este ciclo teatral, se presentaron diec- inueve piezas en español, que son recogidas en el presente volumen. Estas diecinueve obras han sido trasmitidas y disfrutadas por mucha gente vía Internet por la Radio Iaspis–. Adicionalmente, en febrero de 2021, el dramaturgo Daniel Dannery organizó el festival “404 error” donde estas piezas fueron presentadas mediante la plataforma zoom. Una gran cantidad de actores, actrices y directores trabajaron muchísimo para hacer realidad este festival de una semana de duración. Ahora estamos ante un nuevo reto: la publicación electrónica de todos estos textos, que irá seguida de un audiolibro a cargo de la editorial de temas teatrales “Iaspis”.


Todo es nuevo, todo es improvisado. La pandemia y, su consecuencia, el confinamiento han creado nuevas costumbres y nuevos hábitos. “El homo sapiens se convirtió en homo informaticus” y en pocos días ha aprendido a manejar una tecnología que nunca había pensado. Los coloquios y las obras teatrales se transmiten mediante estas plataformas que han aparecido de repente. Lo positivo de este confinamiento es que se ha abierto un debate mundial sobre el teatro. Gente que no se conocía está ahora trabajando en proyectos comunes; la distancia que los separaba ya no existe: basta un código y ya están hablando, proyectando, reflexionando sobre este arte, sobre el arte teatral.

 

Las obras que aparecen en este volumen forman parte de tres categorías muy distintas entre sí. En primer lugar, encontramos los textos que incorporan estas nuevas tec- nologías (“Lejos” de Daniel Dannery; “108 días. Los días nunca son iguales” de Kleber Luis Bosque y “Los restos” de Daniel Fernández Vargas); en segundo lugar, aquellos que tienen punto de vista de confinamiento ("Al volver" de Raúl Hernández Garrido; “La casa llena de viento” de Laura Bondi; “Cuarentena” de Antonio Cremades; “Reloj de arena” , de Camilo Casadiego; “Míralos” de Erik Leyton Arias; “Soliloquio” de Iris Hinojosa Pérez; “Un nuevo espacio” de Walmir Pavam y “Un hoper tan quieto” de Josi Alvarado); finalmente, los que narran historias en situaciones incómodas (“Los pesca- dores” de Vidal Medina; “La mala vida del rey Krauss” de Yoska Lázaro; “Pandemia” de Nadia Rosero; “El perro facha” de Luis Miguel González Cruz; “Amigos” de Gerardo Oettinger; “Croquetas” de Gerard Vilardaga Cunill; “Urbi et orbi” de Xavier Villanova; “Las cenizas del duque” de Marcia Alejandra Césped Laplechade).

 

A.  Los textos que incorporan la nueva tecnología

 

Son textos que se proyectan en enormes pantallas, donde el diálogo se hace mediante teléfonos móviles, o en los que la historia que narran se combina con todo lo anterior.

 

Daniel Danery, “Lejos”

 

Dos personajes: un hombre y una mujer y, entre ellos, la nueva tecnología, es decir, el nuevo uso de la tecnología, la tecnología en tiempos de confinamiento. Es una historia de violencia narrada y presentada en formato zoom. En esta obra se puede observar la reacción inmediata de la dramaturgia a las nuevas condiciones impuestas. Aunque fue escrita apenas dos meses después del inicio del confinamiento, encontró un espacio para poder ser representada. Este es el secreto del arte teatral: sabe sobrevivir en cual- quier circunstancia sin perder nada de su valor representativo.

 

Kleber Luiz Bosque, “108 días. Los días nunca son iguales”

 

Unas pantallas, unos personajes, varios espacios. Lo importante en esta obra es el trans- curso del tiempo y el juego de los teléfonos móviles. Las relaciones de la gente quedan confinadas también. Los personajes se comunican sólo por medio de sus teléfonos. En


esta obra las acotaciones tienen un papel importante y los diálogos entre los personajes se producen en una pantalla o no son más que voces. Se inicia así un nuevo teatro, un teatro donde la expresión corporal queda reducida a un apretar de teclas.

 

Daniel Fernández Vargas, “Los restos”

 

Un monólogo, una videollamada o, simplemente, el ansia de hablar aunque del otro lado no haya nadie. Esta obra refleja la soledad del confinamiento. Soledad en la que quedan muchos temas que tocar, muchas cosas que decir.

 

B.  Los textos que tienen punto de vista de confinamiento

 

Los protagonistas de estos textos están sufriendo la encerrona y todo lo que trae con- sigo esta incómoda situación.

 

Raúl Hernández Garrido, “Al volver”

 

El confinamiento en la boca de los personajes, las reacciones de las personas en el balcón y en el silencioso ruido de las calles. Una obra que se enfrenta con la realidad del confinamiento urbano, una situación inesperada que utiliza frases que surgen de la psique del ser humano. Esta pieza se sirve de toques surrealistas y elementos como el huevo y el pájaro para iconizar-representar la esperanza y la libertad, así como tam- bién, quizás, la situación en la que se encuentran: un montón de cenizas.

 

Laura Biondi, “La casa llena de viento”

 

Una casa llena de viento, llena de memorias del pasado y del presente es el escenario de esta obra, en la que una mujer confinada revive su pasado, sus reacciones, sus amores imposibles en medio de en una agobiante soledad. Sola en su espacio doméstico, ve su reflejo en los pasillos yel paso silencioso de los días entre los remolinos de viento, mientras aprende a convivir con la presencia de la ausencia.

 

Antonio Cremades, “Cuarentena”

 

Dos mujeres, dos hombres, dos ancianas charlan en esta obra creada especialmente para la radio. Sus conversaciones son un reflejo de las circunstancias actuales y pos- teriores al COVID 19, muestran la otra cara del confinamiento, el punto final, las consecuencias del COVID 19.

 

Camilo Casadiego, “Reloj de arena”

 

Una pareja, más bien, dos enamorados, a los que de repente el coronavirus les cambió la vida son los protagonistas de esta pieza. Ellos no son ya como antes, su amor está en tela de juicio, sus costumbres han cambiado, el miedo se ha apoderado sus sentimien- tos, así empieza la crisis. La pandemia parece haber vencido su amor, pero no: el amor


que sienten es más poderoso y sobrevive al confinamiento. Hacen el amor, se tocan, luchan contra ellos mismos y salen vencedores. Una obra que envía un mensaje hacia el futuro: este confinamiento no es tan poderoso como parece.

 

Erik Leyton Arias, “Míralos”

 

Un confinamiento siempre abre una ventana de comunicación ese es el mensaje de esta pieza. En la que la ventana de enfrente esconde una historia interesante por narrar, puede que sea una historia real o una historia imaginada.

 

Iris Hinojosa Pérez, “Soliloquio”

 

Una mujer intenta buscar soluciones para superar el confinamiento: desde la reflex- ión hasta ejercicios corporales. Reinventa situaciones diarias, interpreta roles nuevos, diálogos con gente ficticia, espacios exteriores. Así, al mismo tiempo, descubre cosas en sí misma y en las cosas que la rodean. Esta pieza muestra otra forma de vivir y enfrentarse al aislamiento.

 

Walmir Pavam, “Un nuevo espacio”

 

En un aula, el profesor y los alumnos dan una clase de interpretación teatral bajo las nuevas circunstancias: mantienen la distancia de dos metros, el bozal de las inquietudes de los alumnos, pero el teatro sigue.

 

Josi Alvarado, “Un hoper tan quieto”

 

Por fin a solas, Fátima y Rafael se encuentran en la intimidad del velorio de la madre de él. Esta pandemia que impone sus leyes de silencio y de confinamiento los ha acer- cado y las cosas vuelven a ponerse en su sitio. Su amor frustrado o imposible quizás por la falta de valentía de Rafael, finalmente puede ser disfrutado: ya no existe el obstáculo más grande.

 

C.   Los textos que narran una historia bajo situaciones incómodas

 

En estos textos lo más importante son los diálogos o monólogos que aunque están en situaciones incomodas siguen enfocados en el trascurso de su historia. Estos quizás tienen también un toque filosófico sobre el hombre y su situación.

 

Vidal Medina, “Los pescadores”

 

Al margen de un río en el que antes había muchos peces y ahora apenas agua, dos personajes rememoran los recuerdos de su vida pasada. En esta obra se presenta la necesidad de abandonar un pueblo que ha visto fallecer por un virus mortal a la may- oría de sus habitantes. Quedarse es un acto suicida.


Yoska Lázaro, “La mala vida del rey Krauss”

 

Dos personajes, Krauss y Iuri, empiezan a poner las cosas en otro nivel, mientras dis- cuten como ¿críticos de una sociedad real?, ¿o acaso de de una sociedad irreal? Esta pieza está llena de juegos y sonoridad de palabras, así como de conceptos filosóficos. Tiene, además,  algo de sentimientos humanos de fondo.

 

Nadia Rosero, “Pandemia”

 

Una mujer y dos conceptos: CAUTIVERIO y PANDEMIA se entrelazan en reflex- iones y reacciones pandémicas. Esto ocurre a través de largos monólogos que operan como diálogos entre los pensamientos de la gente estos primeros meses del confin- amiento. A partir el retrato de una pandemia global afloran pensamientos universales.

 

Luis Miguel González Cruz,“El perro facha”

 

Esta pieza ofrece otro punto de vista de lo que pasa en nuestra vida o, más bien, nuestra vida según la mirada de un perro. En este monólogo, el protagonista describe la evolución de la vida de una mascota que pasa toda la vida encerrada en una casa, como un animal confinado, lejos de su espacio natural y las costumbres asumidas bajo el gobierno de Pedro Sánchez, actual primer ministro español. Es un texto político, lleno de parábolas.

 

Gerardo Oettienger, “Amigos”

 

El protagonista de este monólogo le cuenta a una planta lo que piensa bajo la presión y el miedo por la muerte que está escondida en cualquier rincón, pensamientos escon- didos en los límites de su alma.

 

Gerard Vilardaga Cunill, “Croquetas”

 

Una comedia corta con gusto a croquetas de pollo, una obra diferente llega a romper los moldes del teatro serio, trágico, o de confesiones que se hace en estos tiempos y da una nota diferente de lo que es el coronavirus.

 

Xavier Villanova, “Urbi et orbi”

 

El Papa Francisco dialoga con Pablo en una aproximación al COVID 19 desde el punto de vista religioso. Dos hombres que ponen todo encima de una mesa donde hay una pizza. Solos los dos toman posiciones en una filosofía religiosa.

 

Marcia Alejandra Césped Laplechade, “Las cenizas del duque”

 

En algún lugar, un espacio amplio con ventanales cerrados, hay un sillón presidencial y dos personajes: el presidente y una señora. Ellos hablan yse escuchan el uno al otro,


intercambian preguntas y opiniones, allí encerrados, aislados.

 

Stylianos Rodarelis

Profesor de la Universidad de Peloponeso.

Traductor al griego de teatro contemporáneo español.

Director de Editorial y Radio Iaspis.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


16


 

 

RELOJ DE ARENA

Camilo Casadiego

 

 

 

Me matas poco con tu ausencia y tu insípida manera de quererme,

pero vuelves y me resucitas con un beso. Y la historia se repite siempre.

 

José Villa

 

Personajes:

 

ANA JUAN

 

ESCENA 1

 

En un apartamento.

 

ANA.— Tiene los ojos más bonitos, lo que más me gusta son sus pestañas porque siempre apuntan al cielo. Es fornido, fuerte, barbado y tiene buen sentido del hu- mor. Su sonrisa es perfecta y con esas pestañas, son un paraíso. Es sensible, llora en las películas, sobre todo en las que hay niños que sufren. Eso me gusta, un hombre sensible, cree en sí mismo, no se da por vencido, no se da por vencido, no se da por vencido...

JUAN.— Ella llora por todo, llora por cada cosa, llora porque está feliz o triste, llora de asco, llora. Es una mujer sensible, de buen corazón, le gusta mirar la luna y las estrellas, es tierna, eso me encanta, cuando cocina hace el mejor spaghetti del mundo, cuando se ríe es difícil no contagiarse, es soñadora, creativa, alguna vez le dije que tenía las manos de Dios, son delicadas, es dramática, exagerada, pero... no me acuerdo... no me acuerdo... no me acuerdo...

ANA.— No lo culpo, a cualquiera se le pueden olvidar los detalles. JUAN.— No la culpo, cualquiera puede llorar por tonterías.

ANA.— Estoy enamorada, sí, enamorada de él.

JUAN.— Estoy con un nudo en la garganta, a veces me enamora pero cuando... ANA.— ¿Cuando qué?

JUAN.— Nada, no te preocupes, más bien no toquemos ese tema.


ANA.— Bueno, entonces que pases buena noche. JUAN.— Que sueñes con los angelitos.

ANA.— Te amo. JUAN.— Yo a ti.

ANA.— Aquí viene el punto más importante: cuando dos personas se aman, se van a la cama desnudos, con frío, con miedo, con cansancio. Siento la espalda de él, él siente la mía, hasta que nos da sueño. Lo más importante es sentir calor, lo más importante es sentir compañía.

 

En la cocina.

 

JUAN.— Debes desayunar bien, cómete todo, estás muy delgada. ANA.— Gracias por preocuparte, debo salir ya. Dame un beso.

JUAN.— El beso debe ser rápido, fugaz, debes apoyarla, que llegue temprano a su trabajo, que gane mucho dinero y que sea feliz, para eso es mejor no besar con lengua, la lengua hipnotiza, atrapa, no puedes atraparla cuando está a punto de ir al trabajo. ANA.— Almuerza bien, no aguantes hambre, dile a tu jefe que no te deje salir tan tarde, dile que es peligroso, solo de pensarlo me dan ganas de llorar, no quiero que nada te pase. Quiero verte bien.

JUAN.— No llores, se te puede correr el maquillaje, estás preciosa, debes llegar tem- prano al trabajo, si lloras tendrás que maquillarte de nuevo, nada me pasará.

 

Timbra el celular de Ana y Juan al tiempo.

 

JUAN.— Aló. ANA.— Aló.

JUAN.— El teléfono es el primero que separa los mundos, mi mundo y el de ella, cuando suena el teléfono contesta lejos, hace parte de la intimidad, ella va a hacer lo mismo.

ANA.— Beso rápido, caricia en la cara, teléfonos en la mano, llamadas esperando, mundos separados, nos amamos.

JUAN.— Lindo día.

ANA.— Lindo día.

 

ESCENA 2

 

En la puerta del apartamento.

 

JUAN.— Yo aprendí a amar como quien espera un disparo por la espalda, aprendí a amar con agujeros en el cuerpo, sobre todo en el pecho y en el estómago, zonas frágiles. Cuando se ama debes tener listo el estómago que es una zona vulnerable, el corazón igual sigue latiendo, pero el estómago está al descubierto. Ahí se instalan las orugas, en la parte baja y se transforman en mariposas cuando alguien las despierta. Es placentero dejarlas volar, pero una vez que les han dado un tiro o un golpe que las espanta, pierden parte de su color y vuelven a ser orugas, se encapsulan, nunca mueren mientras estás


vivo, solo déjalas volar en el mundo que merecen. Golpe: mariposas encapsuladas. ANA.— Tengo miedo, él se quiere ir, ha llegado un virus a la ciudad, y él solo quiere irse, le tengo miedo a la muerte, no lo conozco, pero en tiempos difíciles es mejor que se quede en casa, por lo menos para conocerlo, le tengo miedo al abandono, desde que vi la noticia no he dejado de pensar un segundo en cómo sería mi muerte, sería terrible morir sola. Él se quiere ir, ayer le pegué en la cara, pero les juro que solo fue un impul- so, no me quería escuchar, y a nadie me ignora. Me arrepiento. El virus está matan- do gente, y la gente ahora no puede salir a la calle, pero a él no le importa, se quiere ir. JUAN.— Dame permiso.

ANA.— De aquí no sales, no me vas a dejar tirada. JUAN.— Ana, déjame salir, no quiero verte.

ANA.— Afuera es peligroso.

JUAN.— No me vas a prohibir nada, dame permiso. ANA.— Te estoy diciendo que no puedes salir, Juan. JUAN.— ¿Quién lo dice?

ANA.— Lo digo yo, Juan, lo dice la gente, lo dicen las noticias... JUAN.— La gente es idiota. Dame permiso, Ana.

ANA.— De aquí no sales hasta que me escuches. JUAN.— Permiso.

ANA.— Estoy aquí pero en realidad no estoy en ningún lugar, cumplo mi función:vig- ilar, y prefiero vigilar para no ponerme a llorar, a él le molesta que llore por cada cosa, pero es inevitable. Así que en este momento voy a hacer las dos cosas para no frustrar ninguna, voy a vigilar y llorar y estoy completamente segura de que ambas cosas las hago bien. Juan se fue.

JUAN.— Llevaba más de tres días encerrado en el apartamento, tenía que salir, las cosas de la casa se estaban poniendo feas. Ana lloraba por todo, tres días llorando, qué desespero, no de dónde saca tantas lágrimas, extraño verla salir del trabajo, extraño sus llamadas en la tarde, extraño a la Ana de la que me enamoré. La Ana trabajadora que llega cansada en la noche. Solo la conozco de noche.

 

Juan entra.

 

ANA.— No entres, espera, límpiate los pies, quédate quieto, no me voy a arriesgar por tu terquedad. Abre las manos. (Le aplica alcohol con un atomizador.)

JUAN.— Me echa alcohol, ella sabe que me da alergia, no le importa, me hace falta la Ana de antes, la que se iba, la que regresaba en la noche.

ANA.— No sé quién es Juan, pero me hace falta el Juan de antes, el que llegaba en la noche a bañarse con agua caliente.

JUAN.— Amo su ausencia. ANA.— Amémonos, Juan. JUAN.— ¿Como antes?

ANA.— Como siempre.

JUAN.— En este momento no podemos. ANA.— Quedémonos entonces.

JUAN.— Dame un beso.


ANA.— No te quites el tapabocas. JUAN.— Bésame.

 

Se dan un beso con tapabocas.

 

ESCENA 3

 

En la sala del apartamento.

 

ANA .— ¿Qué son estas horas de levantarte? Esta casa está llena de mugre, y solo te dedicas a dormir ¿Hace cuánto te escriben mensajes desde las 6 am? ... ¿Tienes a otra persona? De solo pensarlo me dan ganas de llorar. Se murió la vecina, se le pegó el virus y se murió. ¿Entiendes? Mira lo que dice el periódico: más de mil muertos en menos de una semana, pero a ti no te importa, ¿me quieres matar? Hazlo, aquí estoy. Yo no me voy a dejar quitar la casa. Mejor no digas nada, mira lo que voy a hacer... (Asegura la puerta con llave y candado.)

JUAN.— Salí de mi cama y vi a una completa desconocida en la sala de mi casa.

¿Quién es ella, campeón?, me pregunté. Abre los puños, campeón, no los cierres, no los cierres, déjala que llore, que se desahogue, dale, campeón, tú puedes, no te dejes contagiar de la furia de la desconocida, tiene miedo eso es, tiene miedo.

ANA.— ¿No vas a decir nada? No me ignores, ahora mismo te pones a limpiar cada rincón de la casa, con agua y con jabón, y cada cuatro horas te entras a bañar. Me quieres matar, pero no me voy a dejar.

JUAN.— Voy a llamar a la policía, esto es secuestro simple, Ana.

ANA.— Llamas a la policía y le digo que me pegaste. No me voy a morir por tu culpa, de aquí no sales.

JUAN.— Estás complicando las cosas.

ANA.— Él no entendía de qué tenía miedo: le tengo pavor a la muerte, estoy cansada de trapear, de limpiar cada rincón. Extraño al Juan que solo venía cansado en la noche. JUAN.— No aguanté las ganas y le dije lo peor, se me había metido el demonio a mi casa, porque ésta también es mi casa, sus ojos perdieron brillo, cerré los puños, se avecinaba una lucha con el demonio, el de ella y el mío, nos empezamos a preparar. Hay una desconocida en mi casa.

ANA.— Hay un desconocido en mi casa. JUAN.— ¿Estás preparada?

ANA.— Estoy preparada.

 

ESCENA 4

 

En la habitación, es de noche.

 

ANA.— Tócame.

JUAN.— ¿Así?

ANA.— Por debajo, por debajito, así, ¡ay, qué rico! JUAN.— Hazme sudar, quiero que te muevas.


ANA.— Agárrame el pelo, sométeme. JUAN.— Sácame el virus, sácame el virus. ANA.— ¿Dónde lo sientes?

JUAN.— Aquí abajito, ahí, ahí, un poquito a la derecha, ¡ay!, me gusta. ANA.— Disfruta, disfruta.

JUAN.— Acércate, aquí, aquí.

ANA.— Mata a mi virus, como un hombre, no te canses, sigue, sigue, idiota. JUAN.— Muy bien, campeón, ahí la tienes, campeón, no la dejes ir, la tienes loquita, eres un verdadero varón, mírale la cara, lo disfruta, eso es, sigue así, que grite, mírala como gime, muy bien, sigue así. ¡Ayy!, qué rico, qué rico, eres un campeón, la tienes loquita, loquita, dale duro, déjala sin energía...

ANA.— Sigue, sigue, no pares, idiota... dame más, dame más...

JUAN.— Aguanta, cuenta hasta diez, cuenta ovejas, relaja los testículos, no despiertes la próstata, sigue, eres un campeón, un gran campeón...

ANA.— Llévame al cielo... ahí viene, ahí viene... JUAN.— Me gusta tu tapabocas con encaje.

ANA.— Cállate, animal, sigue, ya casi viene... JUAN.— Quítate el tapabocas.

ANA.— Viene.

JUAN.— Tapabocas.

ANA.— Síiii.

JUAN.— Le quité el tapabocas para verle su cara de placer, ella sabe que me vuelven loquito los encajes en su cara, pero me vuelve más loquito su cara de orgasmo, así que no dudé en quitárselo y zuaz... todo el momento se fue al piso.

ANA.— ¿Me quieres matar, verdad? ¿Te quieres quedar con la casa? ¿Me quieres matar para llevarme con la policía y decir que estoy muerta por el virus?

JUAN.— Yo nunca pensé en la casa, pero lo has dicho tantas veces que ahora sí quiero pensar en la casa.

 

Pausa.

 

JUAN.— No te soporto. (Lanza un pocillo.) ANA.— Mal polvo. (Lanza un libro.) JUAN.— Frígida. (Lanza una almohada.)

ANA.— Eres un fracasado vividor, un inútil en potencia y tienes el pene pequeño. (Lanza una olla.)

JUAN.— Si soy un fracasado, eres una cualquiera, te acostaste con mi mejor amigo. (Lanza la olla exprés.)

ANA.— Tu mejor amigo es más hombre. (Lanza los cubiertos.)

JUAN.— Mi mejor amigo paga semanal en prostitutas, ¿cuánto recibiste? (Lanza una guitarra.)

ANA.— Por lo menos recibo dinero de algo, con esa plata te comiste el desayuno de esta mañana. (Lanza una mesa.)

JUAN.— Huele la cama, ahí estuvo tu hermana y tu madre. (Lanza la mesa de noche.) ANA.— Huele tu ropa interior, nunca te regale bóxers nuevos. (Lanza el televisor.)


JUAN.— Mírate, siempre has necesitado afecto, por algo te abandonó tu papá. (Lanza la licuadora.)

ANA.— Nunca has podido soportar que sufres de eyaculación precoz y que tienes que contar ovejas, eres un fracaso. (Lanza el clóset.)

JUAN.— Regalada, bruja. (Lanza la nevera.)

ANA.— Inútil vividor, eres igual al pedófilo de tu papá. JUAN.— Ni hijos puedes tener por regalada. (Lanza la estufa.) ANA.— Malparido. (Lanza el sofá.)

JUAN.— Puta. (Lanza el colchón.) ANA.— Todo se paga en la vida. JUAN.— Me arrepiento de conocerte.

ANA.— Yo no, por lo menos eres el único que me ha regalado flores. JUAN.— Me gustan las flores y las plantas.

ANA.— También los animales. JUAN.— Sí.

ANA.— Recordarlo me da ganas de llorar. JUAN.— Llorona.

ANA.— Así me conociste.

JUAN.— Me gustaba tu sonrisa e inteligencia. ANA.— Me duele la cara.

JUAN.— Me haces falta.

ANA.— Me hace falta el Juan de la noche. JUAN.— Me hace falta la Ana que llegaba cansada. ANA.— ¿Lo intentamos una vez más?

JUAN.— Sí.

ANA.— Que sea un trato nuevo. JUAN.— Me duele la cara.

ANA.— Bésame.

 

Juan y Ana se besan con tapabocas.

 

ESCENA 5

 

ANA.— Tiene los ojos más bonitos, lo que más me gusta son sus pestañas porque siempre apuntan al cielo. Es fornido, fuerte, barbado y tiene buen sentido del hu- mor. Su sonrisa es perfecta y con esas pestañas, son un paraíso. Es sensible, llora en las películas, sobre todo en las que hay niños que sufren. Eso me gusta, un hombre sensible, cree en sí mismo, no se da por vencido, no se da por vencido, no se da por vencido...

 

Oscuro.

*

 

Colombia-20


 

*

 

RELOJ DE ARENA

Esta obra se estrenó en formato digital en el marco

del “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”, el 07 de Diciembre de 2020.

DIRECCIÓN

Basilio Álvarez

 

INTERPRETES

Juan: Harold Yalid Perez Ana: Jariana Armas

*

 

Para tí siempre mis dedicatorias mamita Doris; hagamos del cielo y la tierra uno solo.

Agradezco a mi grupo Otium teatro

 

y mis cómplices: Andrea Rojas, Harold Pérez, Nana Sarmiento, Felipe Mendoza, Alfredo Cobos, Erick Bernal,

Yolanda Jiménez de Molano,

Jorge Molano y Maité Gómez.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


24


 

 

CUARENTENA

Antonio Cremades

 

(Pieza para radio)

 

Atraviesa las ondas hertzianas un tumulto de voces superpuestas. Segundos después, este guirigay reverberante baja en intensidad hasta hacerse prácticamente imperceptible al oído, lo que nos permite escuchar las siguientes conversaciones:

 

MUJER 1.— Últimamente me encontraba tan mal... que parece casi un milagro esta repentina...

MUJER 2............... recuperación.

MUJER 1.— El caso es que hemos salido de esta. MUJER 2.— Sí.

MUJER 1.— Y si quieres que te sea sincera no las tenía todas conmigo. MUJER 2.— Ni yo.

MUJER 1.— Y eso es lo más importante, ¿no? MUJER 2.— Claro, claro                                           Lo más importante.

MUJER 1.— Porque todo hace pensar que hemos superado la enfermedad. MUJER 2.— Eso parece.

MUJER 1.— A ese dichoso virus que a punto ha estado de jodernos los pulmones y algo más.

MUJER 2.— Ni que lo digas.

MUJER 1.— Y para mí, no hay mejor noticia. MUJER 2.— Sí, de acuerdo...

MUJER 1.— Pero...

MUJER 2.— ¿No te parece extraño? MUJER 1.— ¿El qué?

MUJER 2.— Todo esto. MUJER 1.— Un poco.

MUJER 2.— ¿Tienes idea de por qué o para qué estamos aquí? MUJER 1.— No.

MUJER 2.— Pues eso mismo me pasa a mí. MUJER 1.— Ya.

MUJER 2.— No lo entiendo. En lugar de mandarnos a casa como sería lo lógico...

nos meten aquí...


MUJER 1.— ¿En qué hospital estabas ingresada? MUJER 2.— En el Ramón y Cajal.

MUJER 1.— Yo vengo de La Paz.

MUJER 2.— Me pregunto qué van a hacer con nosotras. MUJER 1.— Mujer, ¿qué quieres que hagan?

MUJER 2.— Por más vueltas que le doy no logro encontrar una respuesta razonable. Y eso es lo que me inquieta.

MUJER 1.— Pues...

MUJER 2.— ¿Para qué diantres nos habrán traído aquí? MUJER 1.— Porque no cabremos en otro sitio.

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos.

 

HOMBRE 1.— Pero... bueno... ¿es que no se dan cuenta? HOMBRE 2.— ¿De qué me suena este lugar?

HOMBRE 1.— A esto no hay derecho. HOMBRE 2.— Aquí he estado yo antes.

HOMBRE 1.— Después de lo que hemos pasado... nos merecemos otro trato. Un poco de respeto.

HOMBRE 2.— La verdad es que...

HOMBRE 1.— (Sin dejarle acabar.) Hacinarnos de esta forma... HOMBRE 2.— Sí.

HOMBRE 1.— Como a ganado. HOMBRE 2.— Están desbordados.

HOMBRE 1.— Que se hubieran organizado mejor. HOMBRE 2.— Qué fácil es decirlo.

HOMBRE 1.— Ese no es mi problema. HOMBRE 2.— No estaría yo tan seguro.

HOMBRE 1.— Todo el tiempo machacándonos con el sonsonete de que manten- gamos la distancia de seguridad...

HOMBRE 2.— Dos metros. HOMBRE 1.— ¿Y ahora qué?

HOMBRE 2.— Supongo que ya no habrá peligro. HOMBRE 1.— Lo has dicho bien: supones.

HOMBRE 2.— Cuando lo hacen...

HOMBRE 1.— Improvisaciones. Desde un principio no han estado haciendo más que improvisar.

HOMBRE 2.— Al menos tendrás que reconocer que la situación en la que nos hal- lamos es difícil de controlar.

HOMBRE 1.— ¿Y tengo yo que sufrir las consecuencias de que se les esté yendo de las manos?

HOMBRE 2.— Tú solo no, todos.

HOMBRE 1.— Ya bastante lo hemos hecho, ¿no te parece?

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos.


ANCIANA 2.— ¿Cuánto tiempo crees que nos tendrán aquí?

ANCIANA 1.— ¡Vete a saber! Me imagino que hasta que estén completamente seguros de que estamos sanas y no podamos contagiar a nadie, digo yo.

ANCIANA 2.— Por cierto, ¿a ti te han dado el alta? ANCIANA 1.— Que yo sepa, no.

ANCIANA 2.— A tampoco. ANCIANA 1.— Ya.

ANCIANA 2.— ¿Y a qué esperarán?

ANCIANA 1.— Chica, ¿tanta prisa tienes para volver a tu residencia? ANCIANA 2.— Prisa, lo que se dice prisa, ninguna. Para qué te voy a engañar. ANCIANA 1.— Entonces.

ANCIANA 2.— Es otra cosa.

ANCIANA 1.— Aquí hay distracción de sobra. ANCIANA 2.— Curiosidad.

ANCIANA 1.— Ya tendremos tiempo de jugar a las cartas, ver la televisión y pasearnos con el andador hasta cansarnos.

ANCIANA 2.— Por quedarme más tranquila. ANCIANA 1.— Solo por ver a toda esta gente... ANCIANA 2.— Por...

ANCIANA 1.— ... y respirar este bullicio... ANCIANA 2.                            saber si estamos curadas.

ANCIANA 1.— ... esta actividad...

ANCIANA 2.— A veces pienso, no te rías, como si lo estuviera soñando o algo así...

ANCIANA 1.— La rejuvenece a una.

ANCIANA 2.— Una alucinación fruto de la fiebre...

ANCIANA 1.— Y te juro que es una sensación que se me estaba olvidando por completo...

ANCIANA 2.— No digo más que tonterías, no me hagas caso. ANCIANA 1.— Vamos a ver       ¿tú cómo te encuentras?

ANCIANA 2.— Mejor que nunca. ANCIANA 1.— Pues entonces...

ANCIANA 2.— Toco madera. ANCIANA 1.— ¿Qué problema tienes?

ANCIANA 2.— Ninguno. Me figuro yo que será cosa de la compensación. ANCIANA 1.— Que sea lo que sea, pero que dure.

ANCIANA 2.— Como lo hemos pasado tan mal...

ANCIANA 1.— Estoy harta de estar sola.

ANCIANA 2.— Ahora el reuma, la artrosis, la hinchazón de los pies, los mareos...

como que me parecen menudencias.

ANCIANA 1.— Pues habrá que disfrutarlo, ¿no crees?

ANCIANA 2.— Hija, hablar contigo da gusto. Le levantas el ánimo a un muerto.

¡Huy! Lo que lo voy a sentir cuando nos separemos. ANCIANA 1.— Siempre nos quedará Skype.


Rumor general de conversaciones durante unos segundos.

 

HOMBRE 2.— ¿Adónde vas? HOMBRE 1.— A hablar con ellos. HOMBRE 2.— Deberíamos esperar. HOMBRE 1.— ¿Esperar... a qué? ¿Eh? HOMBRE 2.— No sé...

HOMBRE 1.— Hasta ahora he hecho todo lo que me han pedido que hiciera. Punto por punto.

HOMBRE 2.— Lo que quiero decir... es que...

HOMBRE 1.— Me quedé encerrado en casa cuando me dijeron: “Quédate en casa”,

¿y para qué me sirvió?, aun así me contagié con ese maldito virus de los cojones. HOMBRE 2.— A ver... si estamos aquí es por algo, ¿no?

HOMBRE 1.— Me he pasado quince días aislado en una habitación como si fuera un apestado, luchando entre la vida y la muerte, con un pie más en el otro barrio que en este... todo hay que decirlo... ¿y ahora que gracias a Dios salgo del infierno me pides que siga esperando? ¿Esperar a qué?

HOMBRE 2.— Tal vez necesiten hacernos algunas pruebas antes de dejarnos marchar a casa... o algún tipo de cuarentena... no sé... para mayor seguridad... tanto para ellos como para nosotros. A ciencia cierta no sabemos lo que está pasando ahí afuera... me refiero a si es del todo seguro que salgamos... si nos hemos inmunizado o no al dichoso bicho... y bueno... somos tantos que habrán pensado... creo yo, vamos... que esta es la mejor solución...

HOMBRE 1.— Muy bien.

HOMBRE 2.— Resumiendo: tenemos que confiar en que están haciendo lo cor- recto...

HOMBRE 1.— Estoy de acuerdo contigo. Pero quiero que todo eso me lo digan ellos.

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos.

 

MUJER 2.— Oye... ¿no tienes frío?

MUJER 1.— Un poco, sí. No te voy a engañar.

MUJER 2.— ¿Qué quieren?, ¿que cojamos una pulmonía? MUJER 1.— He oído que la humedad es buena.

MUJER 2.— Ya podían poner un poco la calefacción, ya, que no se les van a caer los anillos por eso. A ver si al final lo que no ha conseguido el virus... Buena... ¿para quién? MUJER 1.— Pues para que no se propague.

MUJER 2.— ¡Ah!

MUJER 1.— Lo dijo un médico en la tele. MUJER 2.— Por cierto... ¿qué día es hoy?

MUJER 1.— Si no he perdido la cuenta estamos a martes. MUJER 2.— Martes...

MUJER 1.— ¿Para qué lo quieres saber?

MUJER 2.— Hace cinco días que no tengo noticias de mi familia. MUJER 1.— No eres la única.


MUJER 2.— Ya.

MUJER 1.— Tres veces he podido hablar yo con los míos por videoconferencia. Luego empeoré y...

MUJER 2............. se acabó lo que se daba.

MUJER 1.— Pero bueno... aquí estamos... y digo yo... que............ tarde o temprano les

avisarán y nos mandarán para casa. MUJER 2.— Esperemos que así sea. MUJER 1.— Ya verás como sí.

MUJER 2.— No sé tú, pero yo me estoy quedando pajarito. MUJER 1.— Es que vas muy ligera de ropa.

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos.

 

HOMBRE 2.— ¿Qué te han dicho? ¡Vamos, contesta! HOMBRE 1.— Nada.

HOMBRE 2.— ¿Nada?

HOMBRE 1.— Ni siquiera se han dignado a mirarme. HOMBRE 2.— Pero                                     ¿y eso?

HOMBRE 1.— Lo que oyes. Han seguido a lo suyo, como si tal cosa. HOMBRE 2.— Vaya.

HOMBRE 1.— Les he increpado, suplicado, reclamado y vuelto a increpar.................. Todo

ha sido inútil. Ni una palabra. No he podido arrancarles ni una jodida palabra. Ni un maldito gesto. Nada.

HOMBRE 2.— Pues que...

HOMBRE 1.— Nunca me he sentido tan humillado...

HOMBRE 2.— Lo que yo te decía........... creo que te has precipitado. Están muy saturados

de trabajo..... y no podrán perder el tiempo dando explicaciones a cualquiera que se las

pida. Tenemos que esperar a que la cosa se calme un poco. HOMBRE 1.— ¿Calmarse?

HOMBRE 2.— En su momento, ya lo verás, se nos informará de todo. HOMBRE 1.— Era...

HOMBRE 2.— Paciencia. Hay que tener paciencia. HOMBRE 1.              como si no existiera.

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos.

 

ANCIANA 1.— Dos. Y a los dos los tengo trabajando fuera, hija. Carlos, el mayor, anda por las Américas, no me preguntes dónde porque no sabría decirte. Cuando me aprendo el nombre, ya se ha cambiado de ciudad o de país, el condenado. Un lío, chica. Es médico y está en una de esas oenegés desde hace más de tres años. Y con lo que está pasando me tiene muy preocupada. Ya te puedes imaginar.

ANCIANA 2.— No es para menos.

ANCIANA 1.— Luis, el pequeño, se marchó el año pasado a Alemania. Es informático o alguna cosa de esas de los ordenadores. “Me pagan más del doble que aquí. Y voy a

trabajar en lo que me gusta”, me dijo. Y por allí anda, bueno............... eso espero. Ya te digo,


hace más de una semana que no sé nada de ellos. Me quita el sueño solo de pensar que les haya podido pasar algo. Sobre todo a mi Carlos que estará todo el rato entre infectados... Bueno, ¿y tú?

ANCIANA 2.— ¿Yo?

ANCIANA 1.— ¿Sabes algo de tu familia? ANCIANA 2.— No.

ANCIANA 1.— Vaya por Dios.

ANCIANA 2.— Lo que quiero decir es que... no tengo familia. ANCIANA 1.— ¡Ah! Lo siento, no sabía...

ANCIANA 2.— Desde que se me murió mi Andrés, que en paz descanse, y eso ya va para doce años, ando sola por este valle de lágrimas. Ocho de ellos encerrada en la residencia del Carmen, desde que me abandonaron las fuerzas.

ANCIANA 1.— ¿En la del Carmen estás? Hija, eres una potentada. No puedes quejarte.

ANCIANA 2.— Y no me quejo. Bueno, sí, sí que me quejo. Mi difunto solo sabía hacer una cosa bien: trabajar. Y como no teníamos hijos, pues... me dejó unos buenos ahorrillos. Aunque hubiera deseado estar en tu pellejo.

ANCIANA 1.— ¿Para qué? ANCIANA 2.— Mujer...

ANCIANA 1.— ¿Para sufrir por tres? ANCIANA 2.— Aun así.

ANCIANA 1.— No te lo aconsejo. Y a la postre, mírame, sola, como tú. ANCIANA 2.— Sí, pero al menos tienes una excusa... en cambio yo...

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos.

 

HOMBRE 1.— Recuperar de una vez por todas la tan ansiada normalidad. Eso es lo que quiero. Dormir en mi cama. Despertarme por las mañanas e ir a la oficina. Sí, has oído bien, incluso trabajar me apetece ya; regresar a casa dando un paseo, vivo cerca, a tres manzanas; si Julio, el de contabilidad, no me retiene como tiene por costumbre, meterme en un bar cualquiera y tomarme una cerveza (hay que ver lo bien que sien- ta una caña fría después de siete horas de estar delante de un ordenador...), comer, echarme la siesta, leer, escuchar música, ayudar a los chicos con sus tareas escolares, pelearme con mi mujer para hacer tiempo hasta la hora de la cena, ver una película... y otra vez a la cama. Poder quejarme de una vida gris y monótona en la que nunca pasa nada reseñable. Eso es lo que quiero. Nada más, ni nada menos. La partida de los viernes, el almuerzo de los sábados, el fútbol de los domingos... Eso es lo que quiero. Vivir... vivir... vivir...

 

Rumor general de conversaciones durante unos segundos. Acto seguido una mano invisible gira el dial de una radio a la búsqueda de una emisora en la que un locutor nos informa:

 

LOCUTOR.— A las ocho y media de la mañana ha comenzado el traslado de los féretros desde El Palacio de Hielo en el que habían sido instalados de forma provisional hacia diversos cementerios repartidos por toda la geografía de la Comunidad, donde


serán inhumados o incinerados... “Se trata de una medida temporal y extraordinaria encaminada, fundamentalmente, a mitigar el dolor de los familiares de las víctimas y la situación que se registra en los hospitales madrileños”, según fuentes del Gobierno regional...

 

Ahora sí, una suave y triste melodía salida de las cuerdas de un violonchelo rubrica la tragedia como un punto y final.

*

España-2020

 

*

 

CUARENTENA

Esta obra se estrenó en formato digital en el marco del “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”, el 07 de Diciembre de 2020.

DIRECCIÓN

Daniel Dannery

 

INTERPRETES

Mujer 1: Stephanie Cardone Mujer 2: Sara Valero Zelwer Anciana 1: María Luisa Cerezos Anciana 2: Diana Silva Hombre 1: Jordi Serra

Hombre 2: Carlos Antonio León Voz Locutor: Albert Estengre


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


32


 

 

AL VOLVER

Raúl Hernández Garrido

 

 

Un amplio salón. Al fondo, un balcón abierto, desde el que se ve la fachada de la casa de enfrente. MARTINA, una mujer de unos 30 años, está asomada a ese balcón esperando que llegue alguien de la calle. Se encarama, se mueve intentando ganar visión. O que desde la calle la vean.

Suena el timbre. Ella contenta entra en el salón. Sale de escena.

FUERA DE ESCENA: Descorre la cerradura. Suena de nuevo el timbre. Abre la puerta. MARTINA entra de nuevo en el salón caminando de espaldas, viendo al que tarda en entrar.

 

MARTINA.— Entra. No sabes lo que te he estado esperando.

 

Se detiene para contemplar al que viene. Un HOMBRE, con una edad un tanto indefinida, pero como unos 10 años mayor que ella, o más.

 

HOMBRE.— ¿Martina? MARTINA.— Martina. HOMBRE.— Martina.

 

MARTINA con el móvil le hace una foto. Él se cubre con un brazo. Pero luego, se da cuenta de lo absurdo de su gesto, y baja el brazo.

 

HOMBRE.— No nos queda sitio para más fotos. MARTINA.— Para esta, sí.

 

El hombre lleva una gabardina amplia. Ella corre a ayudarle a quitársela.

 

Te preparo un baño y ropa cómoda. Debes descansar.

 

Al quitarle MARTINA la gabardina al HOMBRE, una cortina de agua surge de su cuerpo, encharcando el suelo a su alrededor. Ninguno de los dos lo advierte.

 

O si quieres comer ya…


HOMBRE.— Es demasiado pronto. MARTINA.— ¿Has desayunado?

HOMBRE.— No tengo el estómago a gusto.

 

MARTINA se retuerce las manos. Él la mira sin mostrar sentimiento ninguno.

 

¿Qué esperas?

MARTINA.— Ha sido mucho tiempo. HOMBRE.— ¿Tú estás bien?

MARTINA.— Mucho tiempo.

 

El HOMBRE abre los brazos. Ella no levanta los suyos. MARTINA baja la cabeza. Se dirigen el uno hacia el otro. Hasta estar frente a frente. Ninguno dice nada. No hacen ningún gesto. Se quedan mirándose en un largo silencio que parece que nada va a romper.

 

Tras ese tiempo, desde el balcón, vemos cómo una MUJER se asoma a una ventana de la casa de enfrente. Habla con alguien, en el interior. Oímos mal a la MUJER, en la distancia y con el ruido de la calle: pájaros, el silbido del viento, algún coche esporádico.

 

Ni el HOMBRE ni MARTINA escuchan a la MUJER, ni han advertido que se haya asomado desde la ventana de su casa.

 

MUJER.— Sí, es para estar felices… Sería bueno salir…

No me lo imagino… Tanto tiempo…

Por fin.

El balcón…

La puerta abierta… Desde que la mujer… No ocurre nada…

Lo veo…

Ya, quién me manda… Es el momento….

Por fin.

Las campanas… Sí, es para estar felices.

 

El hombre baja los brazos. El HOMBRE y MARTINA se miran. Él le va a tocar la cara. Pero su gesto se queda a mitad de camino. Baja los brazos. Ella sonríe. MARTINA se convulsiona. Como si fuera a echar las tripas por la boca. Abre la boca. Un pequeño pájaro de vívidos colores azules sale volando y se pierde por el balcón en el exterior.

 

MARTINA.— Desde que te fuiste, los días empezaron a girar alrededor de la casa. El sol saliendo apresurado. El reloj marcando los minutos como si fueran segundos. Las sombras corriendo sobre el suelo. El sol poniéndose apresurado. En moverme de una


habitación a otra se me iban días enteros. La luz y la oscuridad se convirtieron en un parpadeo. El teléfono dejó de tener señal. Hasta que finalmente todos los relojes de la casa reventaron. Como pequeñas bombas. Llegar al balcón y quedarme allí. El cielo era miles de surcos que las estrellas marcaban en la negrura. El sol corría desde levante a poniente. La eternidad. La sensación de un día que se repite, una vez y otra y otra. Y solo la mirada de los vecinos desde la casa de enfrente, abriendo y cerrando sus venta- nas, como títeres en un guiñol, a cámara acelerada. Miles de pequeños seres entrando y saliendo, mirando. Mirando. Miles de rostros que se revelaban, que sonreían, que lloraban. Que se ocultaban. Que se mostraban. Que me gritaban. Que me ignoraban. Solo esperarte y dejar que el tiempo pasara esperándote. Y ahora, habla tú.

 

Él va a hablar. Pero parece que hay algo que está obstruyendo su garganta. Ella le sonríe. Él parece ahogarse, pero ella no se preocupa por ello. Tras un tiempo, ella lleva su mano a la boca de él. De entre sus labios sale un huevo blanco. Ella lo coge y lo aplasta con sus manos. Del huevo surge un pájaro pequeño. De vivos colores rojos. El pájaro sale volando por la ventana.

 

La MUJER de la casa de enfrente se asoma. Suspira.

 

MARTINA y el HOMBRE se deshacen en un único montón de cenizas.

 

*

 

España-2020

 

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AL VOLVER

Esta obra se estrenó en formato digital en el marco del “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”, el 07 de Diciembre de 2020.

DIRECCIÓN

Aguasanta Rojas

 

INTERPRETES

Hombre: Beto Benites Martina: Graciela Levaggi Mujer: Larissa González

TÉCNICOS

Selección musical: Aguasanta Rojas, Andrea Ochoa, Abilio Torres Ilustraciones: Rebeca Rojas

Video: Andrea Ochoa


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


36


 

 

LA MALA VIDA DEL REY KRAUSS (NUNCA NADIE NADA)

Yoska Lázaro

 

 

 

…Con tantas metáforas como dignidad.

 

CUADRO UNO: Miseria

 

KRAUSS.— ¡Guau! Nunca nadie nada. (Al público.) Me sorprende la frialdad. Lo tra- taron como si fuera yo o peor. Casi ni lo miran. Miento, ahora sí que lo miran porque no lo quieren. Nunca lo quisieron, nunca nos quisieron. Estamos porque tenemos que estar. Estamos porque como decía aquel filósofo jordano: "El ser humano es huma- no por definición pero en ningún caso por acción. Si por acción fuera, no sería más relevante que aquel arbusto que tiene los mismos fundamentos de existencia. Con la diferencia de que el arbusto no puede mover un dedo para dejar de ser un parásito de la tierra. En cambio, el humano hace lo posible por hundirse en la necedad de su ser sig- nificándose como rey de la nada y cuando no hay nada, mejor se está. Bien saben los..." IURI.— ¡Shhhhhh! ¡Silencio de una vez, por favor!

 

KRAUSS enmudece y abre los ojos como platos. Corre junto a IURI.

 

KRAUSS.— ¡Guau! Usted, ¿qué haría si ve cómo alguien cae en medio de la calle? Hay tres opciones: una, nada; dos, ver qué le pasa; y tres, sacarle una foto y seguir caminan- do como si no hubiera visto nada porque su vida no importa lo más mínimo. Porque no es nada. Porque no somos nada. Porque a nadie le importamos. No aparecemos en las noticias si no es para justificar algún robo o alguna cosa. ¡Guau! Iuri escupía, echaba espuma por la boca. Ahí, como lo ves, tenía los ojos en blanco, dados vuelta. Nadie nunca nada. No existe. Iuri no existe. ¿Sabe qué? Cuando yo estaba tirado en el suelo, sediento, con hambre. Iuri me levantó y me dio de comer y de beber. ¿Quién hace eso? Nadie. Hoy nadie. Nadie nunca nada. Así es. No somos nada. Y no es un dicho. No somos nada.


CUADRO DOS: Más miseria desde otro punto de vista

 

IURI.— Nadie nunca nada. Pobrecito. (Señalando a KRAUSS.) Siempre así, siempre desquerido, siempre pateado. Ni la marrón le da bola. Quehaceres de quien no tiene qué hacer y decires del que no tiene qué decir. Si pasan lista estoy jodido. La tele apunta a mal de vida y la calle nos saca a patadas. Ser, somos, pero si no somos mejor. Quién dice que un día... (Grita.) ¡El mundo será mío! (Imita el eco.) Mío... Mío... Mío… Míooooo Jajajaja. ¿Para qué quiero este mundo de mierda? ¡Krauss, el mundo es

tuyo a partir de ahora! Aquí lo dejo por escrito. (Saca un bolígrafo y un papel. Anota diciendo en voz alta.) El mundo este que piso y que pudiera o pudiese ser mío algún día por destino, extravío o mala suerte, se lo cedo a Krauss que de ahora en más será denominado majestad, en reconocimiento a su ser, hacer y estadía en pos del bien común y legítima defensa del bienestar, el malestar o el masomenosestar. Sin más, y siempre con menos, firma con mi firma ante la ley, Dios y el cartel de Mc Donald’s la cesión y entrega total del bastón del poder del que puede a Krauss, hijo de alguien y alguiena que como único heredero mío, hereda lo que hereda: este mundo detestable que nos detesta y al cual detestamos tan profundamente que si pudiera no lo haría y si lo hago es porque debo, y deber siempre se debe, cuando se debe, debo y cuando no se debe, también debo, así que no me queda otra que deber debiendo como es debido lo que debo y si debo, debo y debo deber. Así que querido Krauss a su debido tiempo y forma eres sin más rodeos y líneas rectas: el amo del mundo.

KRAUSS.— ¡Guau, guau, guauuuu! ¡Tommaaaaaaaaa!, ¡soy el amo del mundo! ¡Guau! IURI.— Querido Krauss, rey de reyes de la calle: no llegarás a tres cuadras sin que te pateen. Hoy ser rey está barato. ¡Ve, ve! Muestra tu corona. Diles quién eres.

KRAUSS corre hasta la esquina y vuelve cojeando.

 

¿Y? ¿Qué te dijeron? ¿Se arrodillaron?

KRAUSS.— No… Además un tipo me dio una patada. Yo estaba tan feliz........... Y la

gente ya no sonríe, Iuri.

IURI.— La gente ya no sonríe, Krauss. A la gente se le ha olvidado sonreír. Si por ellos fuera la sonrisa sería cosa de pobres. Nadie sonríe. Y menos aún con esas mas- carillas, esos barbijos.

KRAUSS.— Me decían cosas que no puedo entender. Tienen las bocas tapadas. IURI.— Tienen las bocas podridas. Vomitan, escupen. Nunca un “disculpe”, nunca

un “perdón”, nunca un “¿necesita algo?”

KRAUSS.— (Al público.) ¿Por qué nunca un “disculpe”? IURI.— Mira...

KRAUSS.— ¡Guau!

IURI.— Un manjar. Un combo Mc huppyluckylike of the world para Iuri como esos del cartel.

KRAUSS.— ¡Guau! ¡Quiero Mc de eso!

IURI.— ¿Le gusta esto a Kraussito…? ¿Eh? ¿Le gusta, Majestad?

KRAUSS.— (Al público.) Odio cuando me habla así, pero el odio es tan relativo cuando se pierde más de lo que se gana, que los principios pueden ser finales antes


de tiempo, antes de nada y, sobre todo, antes de la hora de comer. ¡Iuri, dime lo que quieras pero dame esa Mc cosa!

IURI.— Querido Krauss... ¡coma el manjar merecido, gran rey de la nada! Debe usted saber que el mundo se separa en dos: los que son y los que están. Usted y yo, por ejem- plo, sin ir más lejos, somos pero no estamos. Estamos pero como si no estuviéramos. No somos para muchos aunque estemos. Yo estoy donde tengo que estar: en el suelo. Igual siempre hay alguien encima de alguien, ¿no?

KRAUSS.— ¡Guau! (Al público.) ¿Es así? ¿Siempre hay alguien por encima? Supongo que sí. Yo no puedo decir mucho. A veces miro a Iuri pedir y me da pena. A mí me da pena que no tengo qué darle o qué darme. Iuri junta cosas. Junta comida para y luego para él. Para él, yo siempre primero. Bueno, está bien, soy el Rey, ¿no? ¡Guau! Dice que si estamos bien limpios, no podremos enfermarnos. Yo no me enfermo. Yo soy el Rey. ¡Guau! Parece que no quieren que estemos aquí. Por eso nos vinimos al callejón. Es más oscuro y huele peor, pero Iuri dice que aquí no nos verán. A me ven y no me dicen nada. Nada de nada. Pero a él no lo pueden ver, me dijo. No entiendo por qué. Dice que tenemos que estar limpios y nos tenemos que lavar las patas a menudo. Aquí no hay mucha agua. Ni nada para ponerse en las manos. Iuri no duerme. Quiere ser invisible, aunque ya lo es. Invisible. Dice que no quiere irse ni que me vaya. Yo no me voy a ir. ¡Si este es mi reino! Iuri no sabe que somos personajes de una obra de teatro. Y no le extraña que yo, siendo un perro, hable. Dice que es porque en las películas de dibujos también pasa y nadie se extraña. En realidad, tampoco soy un perro. Soy un texto. Ahora un cuerpo de un hombre haciendo de un perro extraño, no sé. Temo que no llegue ni a perro, ni a personaje, ni a metáfora. Soy como Iuri: un híbrido entre persona y personaje. La mayoría de la gente no sabe ni cómo se llama. No le dicen Iuri, le dicen: “el vago”, “el vagabundo”, “el holgazán”. Y Iuri sonríe con los pocos dientes que le quedan y agradece un pedazo de bocadillo. “Algún día…”, masculla Iuri entre dientes. “Si yo tuviera, Krauss, si yo tuviera, todos tendrían. No permitiría que hubiera gente como yo.” ¿Y puedes creer que sé que es cierto? Si tiene poco y nada y me lo da a mí. Pasé de ser un dibujo de un niño, a un muñeco de un niño, a un perro que habla y habla y habla. Carezco de metáfora. Y me da igual. Hay cosas que tienen que ser distintas.

El actor que actúa de KRAUSS se saca el traje y queda desnudo.

 

CUADRO TRES: La miseria desborda

 

ACTOR.— La siempre trillada escena de los nadies. El mismo personaje que protesta por lo que es y se queda en eso, en palabras. La mirada impávida de un espectador que espera un arco dramático y lo único dramático somos este (Señala al otro actor que hace de IURI.) y yo. No es así. El teatro no alcanza para ser o no ser. No es cierto. No alcanza. Hay cosas que hay que decir claramente y de frente. ¿Por qué mierda no hay vagabundos en las calles en la pandemia de mierda esta? ¿Dónde están? ¿Ya no están en la calle? ¿Por qué? ¿Tienen un lugar mejor? (Sonríe.) ¡Qué hijos de puta que somos, eh! Encontramos donde tirarlos cuando molestan. Antes, las viejas del edificio no veían a ninguno. Estaban pero no importaba. Siempre venían bien para darles la ropa que ya


no querían más o que estaba fuera de temporada. Luego les corren la mirada y los ro- dean para no mancharse. Los miran con cara de asco y se agarran del brazo de la amiga y aceleran. A mayor distancia, menos “cosita” en el estómago. Los unos y los otros. Los negros, los pobres, los rojos, los ignorantes, los holgazanes, los enemigos, los peligrosos, los nadie nunca nada. Se cruzan, no vayan a pegarles algo. ¿Y ahora? ¿Estamos todos en la misma? No, no estamos. No seamos inocentes. No estamos en la misma. “Debajo del puente en el río, hay un mundo gente. Abajo en el río, en el puente.” Yo termino este intento infructuoso de metáfora escénica sobre el cruel mundo cruel y ante la falta de palabras que justifiquen mi tiempo en escena, carente de acciones me iré a mi camerino, me cambiaré de ropa, me pondré el tapabocas, previa limpiada de manos con alcohol en gel, y me iré a mi casa satisfecho por hacer justicia con los que menos tienen. Como un revolucionario, pero sin el cómo y sin talento ni obra. Espectadores aburridos como yo de mí mismo, vayamos a casa y sintámonos felices. Muchos perd- ieron el trabajo, ganan menos o hace tiempo que no ven a sus amigos y familia. Ellos, los Iuri y los Krauss ya habían perdido todo antes. No tenían nada, no tienen nada. También hace tiempo que no ven a seres queridos más que el uno para el otro. Esto no da para más. Es la ausencia de la ausencia de la metáfora. No va más.

 

CUADRO CUATRO: La miseria elevada

 

AUTOR.— Yo, “autor” me reconozco responsable de la ausencia de teatralidad. Yo, digitador de vidas ficcionadas carezco de imaginación para dramatizar a estos perso- najes. No sé, creo que ya tienen bastante. Creo que el que Krauss sea el rey del mundo es una metáfora que no está mal. Quiero decir que me hubiera gustado hacerlo mejor pero no supe. Hay momentos en los que la ficción me supera. La realidad me supera. Quiero teatralizar sin dramatizar. No quiero más drama. Ya tenemos bastante. ¿No es suficiente la mala vida de Krauss, como para, encima, quitarle lo único que tiene?

 

Interrumpe KRAUSS.

 

KRAUSS.— ¡Del rey Krauss! En ese caso sería la mala vida del rey Krauss. AUTOR.— Krauss, es irónico decirte “rey”. Aún es más degradante.

KRAUSS.— ¡Para mí, no! Soy el rey Krauss. Así lo dijo Iuri y así lo dice el título de la obra: “La mala vida del rey Krauss”. Yo soy Krauss, el rey Krauss, y como personaje exijo que termines la historia que empezaste.

AUTOR.— No cómo hacerlo.

KRAUSS.— Nadie te obligó. Ahora sí. Ahora yo te obligo. AUTOR.— ¡No sé!

KRAUSS.— Yo sé que no se sabe si soy un perro o un mal actor disfrazado. Me da igual. Toda esta mierda que nos rodea y que nos mata sin saber bien cómo ni por qué tiene que tener algo bueno. Bueno, lo tiene. Todo esto es una mierda, pero si no fuera por esto, yo no existiría. Exijo que termines mi obra. No quiero que me dejes de lado como hacen con Iuri. ¡No! Yo tengo derecho a tener mi obra. Y te exijo, como rey que soy, que la termines. ¿No merezco un drama? Pero un drama de verdad. ¿Por qué no lo merezco? ¿Porque soy un perro? Lo soy. ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! Más lamentable


imposible. Dame dignidad, mi dignidad. Mírame y dame forma. Escríbeme. No me importa que sea un tema de mierda y vayan a aparecer ahora mil obras sobre todo esto. Yo quiero mi historia. Mi pequeña e insignificante historia. ¿Pero sabes qué? Algún día, seguramente por error, alguien me leerá aunque sea por curiosidad. Quizá alguien, por compromiso con el actor o con el director, si encuentran uno, me vea. Quizá alguien, tratando de ser visto y haciendo cualquier obra que le caiga en las manos, me interprete. Cuando eso llegue a pasar, me sabré visto, me sabré escuchado, aunque no sean los mejores textos. Alguien habrá dedicado sus minutos a mí. Tú, que me escribes a tu pesar, estás pensando en mí. Te estás ocupando de mí. Que no sea amor lo nuestro, que sea compromiso. Pero mírame y piénsame, que nunca lo han hecho. Y saberme protagonista de la vida de alguien, aunque sea por un tiempo, es mejor que nunca nadie nada. Merezco mi obra.

AUTOR.— No cómo.

KRAUSS.— Anota esto que te voy a dictar.

 

El AUTOR toma lápiz y papel. Se hace un silencio largo.

 

La historia trata sobre un perro, yo. Y sobre una persona en la calle, Iuri. La gente está asustada por todo lo que pasa. La gente no puede salir. No tiene que haber nadie en la calle. La calle es nuestra casa. Bueno, ya no tenemos casa. Iuri me nombra rey. Esto lo quiero marcar porque es mi obra. ¿Vale? Bien. Una mañana vienen unos tipos en una camioneta con unos carteles rotosos pegados que dicen: “Seguridad e higiene urbana” y se llevan a Iuri. La escena sería así: Iuri hace de Iuri y yo de mí. Iuri va a ponerse emocionalmente mal, bien arriba porque no quiere que se lo lleven.

IURI.— (Al público.) Quiero quedarme con Krauss. Es lo único que tengo. KRAUSS.— Una opción posible sería que en el momento apropiado en que se lo llevan… Autor, ¿podrías hacer de policía que se lleva a Iuri?

 

El AUTOR asiente.

 

Agárralo del brazo y llévatelo. Ahora, Iuri, dices: “Quiero quedarme con Krauss. Es lo único que tengo.” ¿Vale?

 

IURI afirma con la cabeza.

 

¡Bien! Pero como a la gente no le importa una mierda que sufras o llores o patalees, te llevan igual y yo me quedo solito. (Levanta la mano.) ¡Música de solito! (Suena un tema bien deprimente.) Y digo mientras estiro las patitas delanteras: “No, Iuri. No, Iuri. No, Iuriiiii” y viene un semiapagón dejando el foco en mí y fin.

AUTOR.— ¿Y la otra? KRAUSS.— ¿Qué otra? AUTOR.— La otra opción.

KRAUSS.— No, no… ¡Da igual! Esta es mejor. AUTOR.— Y si hacemos esto, ¿yo qué hice?

KRAUSS.— Nada. Como yo. Esto es más o menos. El programa de la obra es más


largo que la obra en sí. AUTOR.— ¿Y de escenografía?

KRAUSS.— No. No la necesitamos. Haremos una puesta austera, simbólica, diáfana. La ausencia que llena el espacio. La nada misma presente. Si yo voy a estar en escena, menos que nada. Vamos a invertir el espacio. No, mejor: van a pasar de a dos por delan- te de los que ya estén sentados mirando la nada misma y se van a mirar mutuamente. No dirán nada. ¡Una metáfora! ¡Se me cayó una metáfora! ¿Entiendes?

AUTOR.— No.

KRAUSS.— ¿No entiendes la metáfora? Espectador. (Hace el gesto.) …y espectador. Frente a frente. ¿Entiendes?

AUTOR.— No.

KRAUSS.— La sociedad fría y silenciosa que se mira a misma y se mira sin recon- ocerse. Perdida, desfigurada… (Canta.) “Será porque siempre he estado yo del lado del pescado que nunca había pensado que el pescado pueda estar del otro ladoooo…” “¡Chan, chan!” (Suena una música. Mira a IURI.) “El cariño que te tengo no te lo puedo negar, se me cae la babita, yo no lo puedo evitar…” (Baila los acordes del tema mientras manda un beso a IURI. Cuando termina de bailar suenan los acordes y tararea “Insurrección” de “El Último de la fila” con rabia mirando al público.) ¿Dónde estabas entonces, cuando tanto te necesité? Nadie es mejor que nadie, pero creíste vencer…” (Termina y se queda mirando fijamente al público.) ¡Se me escapó otra metáfora! (Se aflo- ja y cae al suelo.) ¿Qué tengo que hacer para que reaccionen? ¿De qué más me tengo que vestir? ¡No se inmutan! Canté, pedí, les interpelé, me vestí de persona, hice de autor y director. Me daría vergüenza ser personas como ustedes. Yo, el rey Krauss, elijo ser un perro que huele culos y se chupa. Yo estoy cerca del suelo. Este caos en el que vivimos es perfecto para ustedes. Viejos, enfermos y pobres, adiós. Nadie nunca nada. Los perros no somos peligrosos. Como mucho tenemos rabia. Eso sí, tenemos rabia. Tengo rabia. Te mordería para saber si estás vivo. (Grita llorando.) ¡Reacciona! ¡Nos morimos! Yo no. ¡Se mueren! ¡Os morís! You die! Vous mourez ! ¿Para qué lo digo en idiomas si esta mierda no la va a ver nadie? ¿No se dan vergüenza? Si algo me alegra de esta terrible situación, es que ante él… (Hace círculos con la mano y señala al público.) Todos somos iguales. Yo no. Yo soy un perro. Me salvé. (Se ríe.) Au revoir! ¿Ves, con idiomas varios para entrar en los festivales internacionales de teatro? ¡Me falta poner una pantalla atrás con fotos de cachorro, quedarme en pelotas y gritar mientras me corto y sangro: “Soy Bart Simpson, soy Dios” y de cabeza a los festivales. (Al AUTOR.) ¿Cómo sigue esto? AUTOR.— No sé.

KRAUSS.— ¿No? (Le da una patada al AUTOR y se aleja gritando.) ¡No me toque!

¡Policía, policía!

 

KRAUSS va a un lateral del escenario y trae un bastón de gomaespuma y le pega al AUTOR que reacciona como si fuera un bate de béisbol el que le golpeara cada vez que KRAUSS le pega.

 

¡No se acerque! (Grita con voz de mujer.) ¡Agente, agente! ¡Este señor tirado en el suelo, mugriento, sucio… me quiso robar!

AUTOR.— ¿Qué haces, Krauss?


KRAUSS.— ¡No te oigo! (Le pega con el bastón de goma.) ¡Agente! ¡Habla! ¡El sucio me está hablando!, ¡qué asco! ¡Toma una moneda y vete! ¡No violes a mi hijita, perverso!

¡Malo! (Le pega con el bastón de goma.) ¡Krauss, el rey Krauss! (Encorvado caminando de un lugar para otro encorvado.) “Ya el invierno de nuestra desventura se ha transfor- mado en un glorioso estío por este sol de York, y todas las nubes que pesaban sobre nuestra casa yacen sepultas en las hondas entrañas del océano […] Yo, deforme, sin acabar, enviado antes de tiempo a este latente mundo; terminado a medias, y eso tan imperfectamente y fuera de la moda, que los perros me ladran cuando ante ellos me paro”… ¡Error! ¡Mienten! ¿Qué saben? ¡Nosotros, los perros, nunca le ladraríamos a un deforme, a un rechazado! ¡Lo haríamos a uno de los nuestros! ¡Quién fuera el famoso deforme de Shakespeare para poder vengarse! “L'inverno del nostro scontento è reso stato trasformato in una gloriosa estate…”

AUTOR.— ¡Basta!

KRAUSS.— (Le pega con el bastón de goma y grita.) ¡¡¿Basta?!! (Le pega con saña. No deja de pegarle.) ¡Bastaaaaaaaaaa, de esta maldita dramaturgia! ¡Basta de tanta maldad! ¡Basta de todoooo! ¡Basta y basta y basta! ¡Basta de cada uno de ustedes! ¡Basta!

 

CUADRO CINCO (FINAL).— La miseria brota principio de dignidad

 

IURI.— (Gritando.) ¡Krauss, bastaaaaaaa!

 

KRAUSS se detiene y mira a IURI sorprendido.

 

¡No somos iguales a ellos! ¿Qué haces? ¡Krauss, ¿qué haces?! No somos como ellos.

¿Eso te enseñé? ¿Así viviste conmigo? (Mira a KRAUSS como si no le conociera y con decepción y pena.)

KRAUSS.— ¡Iuri, míralos! (Señala a los espectadores.) ¡Me respetan! ¡Nos respetan! IURI.— ¿A golpes? ¿Con miedo?

KRAUSS.— ¡Sí, me miran con miedo y por primera vez tienen razón! IURI.— ¿Y esto quieres para ti?

KRAUSS.— ¡Me respetan! ¡Nos respetan!

IURI.— ¡No, Krauss! ¡Así no! ¡Mírate! ¡Eres igual que ellos! KRAUSS.— ¡Sí, Iuri! ¡Quiero estar arriba!

IURI.— No, amigo. Te equivocas. No estás arriba. Estás igual que es peor. Mírate.

¿Qué te diferencia? ¡Te volviste como ellos! ¿Tú eres Krauss?

KRAUSS.— (Sonriendo forzosamente y tratando de aflojar a IURI.) ¡No, el rey Krauss! IURI.— No, Krauss. No eres un rey. Eres un perro. Pero ni siquiera eres un perro. Eres un actor mal vestido de perro. Ni siquiera eres un hombre mal vestido de perro. Eres un personaje de una obra que seguramente nadie vea. Eres una ficción carente. Eres un villano. Mira la cara del Autor.

 

El AUTOR está asustado, hecho un ovillo para defenderse de los golpes.

 

¡Eres igual que… ellos!

KRAUSS.— No, Iuri. Soy Krauss, tu amigo fiel. Soy Krauss. (Mira al público y a


IURI asustado.) ¡Soy yo, Iuri!

IURI.— (Lo mira en silencio por un largo tiempo.) Sácate la corona y déjala en el suelo.

 

KRAUSS se saca una corona imaginaria y la deja en el suelo. Despacio se acerca IURI y la pisa.

 

KRAUSS.— ¡No!

IURI.— ¿No qué? ¡Es imaginaria, Krauss! ¡No existe! ¿Tan pronto te creíste rey? KRAUSS.— Quise defenderte.

IURI.— Me defiendes cuando nos acompañamos, nos abrazamos y me lames, no sien- do un salvaje como todos estos. ¿Cómo vas a tratar así a alguien? ¿Ya se te pasó el dolor de la comida podrida en el estómago? ¿Ya no te lames las heridas porque te paraste en dos patas? ¿Tan fácil te olvidas? Krauss, ¿rey de qué? ¿Querías drama? ¡Te convertiste en antagonista deslucido no saliendo de figurante! (Al público. Señalando a KRAUSS.) Este es el claro ejemplo de la mierda que somos. Perro simpático convertido en pulga por creerse león. A cada uno de ustedes les debería dar vergüenza. ¡No se van a olvidar de la cara de este infeliz! ¿Y saben por qué? Porque solo el miedo los humaniza. Animalizaron al animal más manso cuando quiso mirar el mundo noventa centímetros por encima del suelo. Y fueron ustedes. Su silencio. Su mirada corrida. No son menos animales que él. Yo tampoco. Me dieron letra de final de obra y me creo aleccionador de pueblos, de gente. Soy un recurso para suplir la ausencia de metáforas que les muestra su miseria, la nuestra. (Mira al AUTOR y se ríe.) Ya era hora que dejaran de jodernos la vida con conflictos dramáticos sentados en la silla de su escritorio tratando de hilar una hipótesis que les saque de la mediocridad de la vida que les espera al otro lado de la puerta de la oficina. Ya está bien de autores perfumados con colonias baratas truncando la vida de sus personajes para que ustedes se diviertan. Todos estamos en este circo. Se merecen que se las devuelvan, una tras otras. Se van a ir de este teatro y van a sentirse tranquilos. No se equivoquen. (Simula que levanta la corona del suelo.) ¿La ven? ¿No?

¿La imaginan? Sí, imaginarla sí. (Hace un movimiento como si fuera de magia e hiciera

desaparecer la corona.) ¡Desapareció! “My precious!” ¡Desapareció! (Se gira de espaldas y empieza a irse.) ¡Vamos, Krauss!

 

KRAUSS corre y se pone a su lado. Ambos se van. Antes de salir del escenario se gira IURI.

 

Cada uno de ustedes tiene una corona puesta. La van a llevar puesta. Les va a pesar. Y un día, un niño, les mirará a los ojos y les preguntará inocentemente con esa voz suave y hermosa de los Benjamines, Rodris y Nicolases pequeñitos con ojos grandes: “¿Qué hiciste para tener corona y ser rey?” Y si pueden, díganle lo que hicieron. Pero díganle la verdad. ¡Porque ese niño es ustedes! ¡Ja!

 

Suenan los tambores de murga y IURI, KRAUSS y el AUTOR cantan y bailan “Es Im- portante” de La Bersuit.

 

IURI, KRAUSS y AUTOR.— “Es importante vender cara la derrota que me vio cara de idiota? ¡Yo también quiero ganar! ...”


*

 

(de obra incompleta de metáforas y sin gusto escénico)

* España/Argentina-2020

*

 

LA MALA VIDA DEL REY KRAUS

Esta obra se estrenó en formato digital en el marco del “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”, el 08 de Diciembre de 2020.

DIRECCIÓN

Oriana Nigro

 

INTERPRETES

Kraus: José Manuel Suarez Iuri: Ignacio Dawidziuk

Autor: Oriana Nigro

 

*

 

A mi abuela Gregoria: faro, apoyo y fe.

A Marian Santellán: hermana, ejemplo y bastón.

A Laura Biondi: actriz, dramaturga, directora, mi compañera y todo.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


46


 

 

LOS RESTOS

Daniel Fernández Vargas

 

 

 

Un espacio de una casa, puede ser la sala, la cocina, el dormitorio, da igual. Lo que se debe notar es un encierro. Un lugar casi a oscuras, de preferencia con una ventana con las cortinas cerradas. Hay una luz que refleja a algún lado, como un televisor encendido. El personaje (40) está sentado de cara al público, como si estuviera frente a una laptop, haciendo una video llamada. El personaje puede realizar las acciones que se indica o solo verbalizarlas, es decisión de quien dirige la pieza.

 

ÉL o ELLA.— Hola. Agradezco tanto que te hayas conectado... Esta es la primera llamada que hago... No, esto no se llama “llamada”... “videollamada”. Esta es la primera videollamada que hago... Ya sabes que la tecnología y yo nunca hemos ido de la mano, no soy como tú, que eres una trome con estas cosas nuevas que yo odio, seguro que no te ha costado nada acostumbrarte a esto... Es más, no había prendido la computa- dora en no sé cuánto tiempo... Es que tampoco he estado contando el tiempo. ¿Tú sí lo hiciste? No es de extrañar, siempre tan organizada, tan lista para todo... Seguro que esta pandemia te cogió con el botiquín lleno de paracetamol... No te digo, así eres tú y así no soy yo... ¡Qué envidia no ser un poquito como tú! ¿Bulla?, ¿cuál bulla? ¡Ah, esa!... Es el televisor, lo tengo encendido. ¿Te molesta? No hay problema.

 

Apago el televisor.

 

Siempre lo tengo encendido, aunque no lo esté mirando... Me ayuda a... a... A saber si es de día o de noche. Ya sabes que no uso reloj. ¿Mirar por la ventana? No, no me gusta. Ya que antes me encantaba, no hace falta que lo digas, estás hablando de mis gustos,

¿cómo no voy a saber lo que me gusta? Pero ya cambié. Ahora no me gusta... Así son las cosas, si todo cambia tan de pronto, ¿por qué mis gustos no pueden cambiar? Si antes la calle estaba repleta de gente y en un dos por tres se quedó más vacía que conciencia de político, ¿por qué yo no iba a cambiar?... No, no estoy peleando, no te llamé para eso. Perdón. No te videollamé para eso... Solo quiero hablar. Hablar de cosas lindas. Por eso te escogí a ti, porque tu vida siempre es linda. Cuéntame... ¿Cómo estás?... Espera. Enciendo el televisor.


Perdón, pero me siento extraño con tanto silencio. Le voy a bajar el volumen para que no te moleste. Ya que oigo tu voz, pero no es lo mismo, porque tu voz está allá y el sonido del televisor está acá, es diferente... ¿Qué dices?, No, para nada. No me siento solo... Estoy bien... No es que me guste la soledad, de hecho, no me gusta nada, pero puedo lidiar con ella sin problemas, siempre lo hice y lo hago... Manejo bien la soledad que me toca al vivir solo... Pero hay soledades con las que no puedo, como la de la calle, por ejemplo. Es que la calle no está hecha para estar vacía... Eso no es natural... Mi soledad es natural, no la de la calle...

 

Perdón, me distraje. Me suele pasar seguido estos días. Te pregunté cómo estabas... Quiero escucharte... ¿Por qué te molesta que tenga encendido el televisor? Está bien, para que veas que te hago caso. Apago el televisor.

 

No, no me he pasado todos estos días solo viendo televisión, hago bastantes cosas: Cocino. Como. Defeco. Duermo. Tengo nuevas marionetas para cuando pueda salir a las plazas a hacer mis shows... ¿Ves? Muchas cosas... Ayer, por ejemplo, ayer... ¿Qué hice ayer? ¡Ya está!, estuve viendo por la ventana... No, eso fue un sueño. Cuando estoy despierto no miro. Bueno, no recuerdo, pero estoy seguro de que hice muchas cosas, en serio, pero ahora no lo recuerdo... Pero no me la paso viendo televisión. Para que sepas, solo miro televisión cuando quiero pensar. Sé que es raro usar las palabras televisor y pensar en una sola oración, pero, aunque no lo creas, el televisor sí me hace pensar. Me aburre tanto lo que dan, que más pronto que tarde mis pensamientos anulan la pantalla. En serio. Hasta he llegado a sentir que lo que pienso cubre mis ojos como un vendaje, y ya no veo para afuera. Veo para dentro... Mis pensamientos, mis ideas... Y luego me asusto y vuelvo al televisor. Siempre es preferible ver las desgracias ajenas que las que habitan en uno mismo, ¿no? No, tranquila, no tengo desgracias, estoy exagerando...

 

¡Ahora recuerdo! Una araña. Una araña que paseaba por mis sábanas, justo cuando in- tentaba dormir... ¿Si era de noche o de día? Yo qué sé, ¿qué importa? Solo sé que quería dormir. Y la vi. Era pequeñita y lenta. No es común ver una araña lenta. Quizás ella también se sentía detenida en el tiempo. Quizás para ella también era todo igual. Cada minuto, cada día. ¿Cuántas cosas hace una araña en su vida normal? Tejer, cazar, quizás muchas cosas. No lo sé, y no tengo cabeza para imaginarme... ¿Tú sabes qué hace una araña? Pues me lo cuentas luego que ahora estoy hablando yo... La cosa es que la araña andaba por mis sábanas, y la aplasté. Lo hice sin pensar. Fue una reacción. Estiré una mano y ¡paf! ¿Qué querías que hiciera? Solo me defendí para que no me hiciera daño. Tenía que actuar rápido antes de que fuera demasiado tarde y yo fuera la víctima... En todo caso, eso hice ayer. ¡Servido!... Disculpa, pero no me aguanto, déjame ver solo un ratito.

 

Enciendo el televisor.

 

El noticiero todavía no termina. ¿Has notado que los reportajes y las noticias que dan desde que todo esto empezó se parecen mucho? Los noticieros tienen a sus reporteros


recorriendo las calles, como si fueran una nueva división policíaca. Llegan a los merca- dos y muestran grandes cantidades de gente entrando y saliendo, peleando por llevarse productos que les hagan sentirse protegidos. Me es inevitable no pensar en Turquía robándole respiradores a España, o a Estados Unidos ofreciendo más dinero a China para quedarse con las mascarillas que eran para Francia. Al fin y al cabo, todos nos movemos por los mismos principios, ¿no?

 

¡Mira!, los reporteros están en un hospital, y se abalanzan sobre la gente que espe- ra atención... ¿Se siente bien?, ¿todavía puede respirar? ¿Cómo que todavía respira!

¡Queremos acción!, ¡deje de respirar!... Ahora los reporteros siguen su camino y llegan a un lugar alejado de la gente. Todo se ve oscuro, pero no porque no haya luz, sino porque hay un color negro que forra el ambiente. Son bolsas, ¿ves? Bolsas negras por todas partes. ¿Qué hay en esas bolsas negras que inundan los pisos de los hospitales?

¿Qué es lo que tienen dentro? Apago el televisor.

¿Crees que me hubiera picado realmente? Si la araña llegaba a toparse con mi cuerpo,

¿me hubiera tomado como extensión de su camino o me hubiera atacado, de frente y sin pensar, como yo lo hice...? ¡Hey, no me juzgues!, ¿acaso era mejor arriesgarse? ¡Claro que no! Nunca es mejor arriesgarse...

 

¿Alguna vez te conté que mi madre usaba bolsas en vez de cajones para guardar la ropa?

¿No lo hice? Cuando yo era niño, mi casa era muy pequeña, como ésta, pero aquí estoy yo solo. Nosotros éramos cuatro. Cuatro personas durmiendo en una sola habitación: papá, mamá, mi hermana y yo. Con la cama matrimonial de mis papás y el camarote que mi hermana y yo usábamos, solo quedaba espacio para un ropero, así que mamá solucionó el problema con bolsas. Una bolsa por miembro de la familia. Una bolsa para la ropa que no se usaba, la de invierno en verano y la de verano en invierno. Como primavera y otoño son estaciones “mantequilla” en Lima, no necesitábamos ropa especial para esas estaciones. Y así, lo que no se usaba, se metía en las bolsas, que se iban agrupando junto al solitario ropero. Mientras más ropa teníamos, más bolsas. Mientras más crecíamos mi hermana y yo, más bolsas terminaban durmiendo en el piso. Exactamente igual como esas bolsas negras que salieron en el noticiero. Bolsas por todas partes... ¿Habrá arañas entre las bolsas de ese hospital?

 

Mira, a la araña que encontré en mi cama, ayer, la maté con esta mano. Lo más raro de todo fue que después de aplastarla, mis sábanas siguieron limpias, como si nada hubiera pasado. Si vieras mis sábanas, jamás adivinarías que alguien murió ahí. ¿Cómo es posible que haya seres que ni siquiera se convierten en restos cuando mueren?... Y si no hay restos, ¿hubo muerte? O la pregunta es, si no hay restos, ¿hubo vida?

 

¿Puedo volver a encender el televisor? Prometo bajar más el volumen, pero necesito que haya algo más por aquí... ¿La radio? No, la única que tengo solo sintoniza esas emisoras que pasan canciones de desamor y no estoy dispuesto a quedarme pegado a un


sufrimiento ficticio y ¿para qué sufrir por algo que no pasó? Si vamos a sufrir, que sea por lo real, por nuestras vidas o por las bolsas del hospital, o por esos que desaparecen sin dejar rastro, como la araña.

 

Enciendo el televisor.

 

Y el noticiero que no se acaba, parece que es infinito, igual que la cuarentena... Wuhan, Lombardía, Madrid, New York, Guayaquil, Buenos Aires, Lima... Pero ¿qué pasó con la araña?, ¿por qué no dejó restos en la sábana?

 

Teherán, São Paulo, París... ¿Se desintegró al contacto con mi piel?

 

López Obrador, Bolsonaro, Johnson, Trump, Iglesias, Vizcarra... ¿O la absorbí y sus restos se metieron por mis poros? ¡Wow!, demasiados pensamientos por una araña.

¿A quién le importa lo de la araña? Sé que a ti no te importa y a mí tampoco me debería importar... Tienes razón, debo parar con esto y pensar en cosas que sí son importantes: la Eurocopa, la Copa América, las clasificatorias de Qatar, las Olimpia- das, todo lo suspendido... El Congreso, el aislamiento social voluntario, mejor dicho, obligatorio, toque de queda, Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Loreto... Diez mil, doscientos mil, quinientos mil muertos en el mundo, y ¿si la sábana fue fabricada con un potente protector invisible que evapora bichos?... Fosas comunes, cremaciones instantáneas, cuerpos perdidos, desaparecidos, familiares que no solo han muerto, sino que también desparecen, nadie los encuentra, ¿a dónde se los han llevado?, ¿a dónde se han ido? ¿En qué momento también nosotros nos convertimos en algo que desaparece sin volverse resto? ¿Existió de verdad lo que no se vuelve resto?

 

Apago el televisor.

 

A veces tengo ganas de tirar el control remoto por la ventana para no volver a encend- erlo, pero no quiero ver por la ventana. No quiero ver la calle vacía.

¿Sabes? Nunca me sentí tan cerca de una araña que solo desaparece. Que no se vuelve resto. A la que nadie le dice “adiós” cuando se va. Yo quiero que me digan adiós cuando me vaya. Nadie debería morirse sin dejarnos sus restos.

 

Me pregunto si esto que ocurre es solo algo que pasó en la naturaleza o es su venganza ante tanto maltrato... De repente, la naturaleza solo reaccionó a nosotros, como cuan- do yo reaccioné estirando esta mano y maté a una araña que estaba ahí. ¡Lo sé, lo sé! Son preguntas que no llevan a nada. ¡Lo que está pasando son solo hechos, y hay que apechugar! Te pido perdón por los ímpetus filosóficos que ahora me embargan... Creo que no es más que otra forma de hacer que los minutos pasen más rápido.

 

¡En sus marcas, listos, ya! ¡Qué corran los minutos, que se vayan! Pero ellos también son como la araña. Lentos. Pequeños. Iguales. Pero existen y debo aceptarlos. Tengo que aceptar y apechugar que hay un tiempo del que no podré escapar. Debo apechugar y dejar de desear que todo sea diferente, ¡deja de desear que las cosas sean diferentes!,


¡apechuga, mierda!

 

¿Te vas? ¿Te puedo volver a videollamar otro día? Prometo no encender el televisor. Prometo estar un poquito mejor, así como lo estás tú... Es que así eres y así soy yo...

¡Qué envidia no ser un poquito como tú!

 

* Perú-2020

*

 

LOS RESTOS

Esta obra se estrenó en formato digital en el marco del “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”, el 08 de Diciembre de 2020.

DIRECCIÓN

Sara Azocar

 

INTERPRETE

Ella: Julie Restifo

 

TÉCNICOS

Asistencia de dirección: Penélope Gil


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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LA CASA LLENA DE VIENTO

Laura Biondi

 

 

Mi casa está llena de viento. Por todas partes. Solo viento. Por estos días que se suelen parecerse bastante los unos a los otros, me levanto temprano y entre bostezos abro ventanas. Mi casa está en una esquina del cielo. Como en todas las esquinas el viento hace trombas al entrar. Remolinos. Y ahí estamos mis remolinos y yo. El viento viene a recordarme mis propios remolinos. Los que ya estaban acá y ya vivían conmigo antes de todo esto. Todo esto. Es difícil nombrarlo, complejo definirlo. Este aislamiento nos hace olvidar el afuera. Y nos revive lo propio. Esta es la gran paradoja de este destino humano. Estamos encerrados, solos y quietos en nuestros espacios y afuera el mundo se cae a pedazos. La suma de los días nos aleja de esa realidad. Nos ensimisma y olvidamos el porqué. Todo eso vuelve a nosotros en formato de película futurística de ciencia ficción cuando la caja boba anuncia sus desgracias. Que son las nuestras. Las de nuestro mundo, solo que como no lo estamos habitando lo olvidamos.

 

Me ensimismo en mis pensamientos. En mis recuerdos. Pierdo conciencia general para volver a mí. Me es inevitable. Ciertamente egoísta y mezquino. Pero me pasa. Repaso amores viejos, dolores, heridas, desilusiones. Palabras sueltas que parecen no ser nada. Pero dentro mío calan hondo y se arremolinan. Como el viento de mi casa. De mi casa llena de viento.

 

Recuerdo besos que no di, palabras que no salieron de mi boca y se atragantaron en mi pecho. Pienso en las noches que desperdicié sin decir “te quiero”, o “te necesito”. Admitir esa vulnerabilidad ahora me parece oportuno. No fue el orgullo que no me dejó pedir cariño, fue el no saber. No ser siquiera consiente de lo que necesitaba mi alma. Correr por calles, apurada, despeinada, contra el tiempo, que no me dejaba ver. No me dejaba detenerme a sentir. No quiero ser pesimista, pero no creo que aprenda de esto. Creo que un día, de pronto sonará la alarma para ir a trabajar, me despertaré apurada, tomaré café. No me ocuparé de abrir las ventanas. Y la casa no se llenará de viento. Volveré a ser la que era. Apurada, despeinada y sin registro de necesidades emocionales. Qué desastre mi humanidad. Cuando optimistas preguntan por ahí si aprenderemos algo de todo esto, me respondo que no. La miserabilidad es algo a lo que se vuelve fácilmente. Por eso este tiempo es sagrado. Es el único tiempo que tendré, hasta nuevo aviso, para pensar en mí y en mis remolinos de viento.


Ordeno la casa. Eso es algo que me da placer. Encuentro recuerdos. Me sorprenden fotos viejas en los cajones. Fotos de momentos que no pensaba recordar. Me asaltan cartas viejas de personas que dicen amarme pero ya no se acuerdan de mi cara. La men- tira de la escritura que está escrita en presente pero se convierte en pasado al instante. Esa cualidad convierte a las palabras en mentiras. Pero no todo es nostalgia. También los recuerdos me roban algunas risas. Fiestas con amigos, borracheras estupendas, recu- erdos familiares repletos de amor. Hay pocas cosas que son permanentes. Al menos en mi vida. que siempre tendré una amiga para llorar y reír. Para contarle mis sueños y mis desgracias. que indefectiblemente me llegará un mensaje de mi mamá o mi papá preguntándome cómo estoy. Esas cosas no hay pandemia que pueda arrebatármelas. Nombré la palabra. Fue sin querer.

 

Me gusta el encierro. Me gusta mi casa llena de viento. Llena de mí. Solo de mí. Mis remolinos me engolosinan. Me gusta encontrarme con ellos. Recorrerlos. Abrazarlos. Es como darme un abrazo fuerte a mí misma. Hace tiempo que no me lo daba. Es bueno volver en sí. Volver en mí. Pasamos tiempo conformando a otros, abrazando a otros. Olvidándonos de nosotros. ¿Me volveré una persona solitaria? ¿Me volveré una amante de misma y mis recuerdos? ¿No tendré lugar para los otros? Esas preguntas me atraviesan la mente por estos días. No me preocupa mucho. Estoy bien en mí. Me gusta mi versión solitaria y mezquina.

 

Aunque debo confesar que algunas noches de viento y lunas claras, necesito compañía. Y me la procuro.

 

Cuando me voy a dormir imagino al chico que me gusta. Lo abrazo y él me abraza. En mi imaginación no hay reclamos. No hay malentendidos ni cosas que charlar se- riamente. Solo nos abrazamos sin mayores cuestionamientos. Tal vez así deba ser el amor. Tal vez. Ahí entre almohadas perfumadas le digo “te quiero, te necesito”. Le pido que me quiera y me cuide. Y ahí, siento ese amor como un alivio fugaz. Al rato se desvanece. Abro los ojos y estoy toda yo con mi viento y mi soledad. Ahí mi mente se enciende, patea a mi imaginación amigable y amable y me pregunto: “¿Pensará en por estos días de soledad? ¿Me abrazará en la noche? ¿Me pedirá que lo quiera y lo cuide?” Tal vez sí, tal vez no. Tal vez su casa no esté llena de viento como la mía. Tal vez él no tenga ganas de encontrarse con sus remolinos y cierre ventanas. O tal vez y esto me duele... sus remolinos no me nombren.

 

Tal vez ya sus remolinos no le hablen de mí. Qué pena. O qué injusticia. Porque los míos lo nombran a cada rato. A veces lo empujo a mi terraza, y le pido que se quede ahí, que me deje sola. “Déjame sola, no quiero pensarte, ahora no”. Es obediente cuan- do quiere. Muchas veces me espera y luego me toca la ventana mientras cuelo fideos, lavo fruta o huelo a lavandina. Lo miro con cara de mala. “Dejame sola. Andate a otros remolinos”. Cuando se aleja me da miedo. Y corro a buscarlo. Le agarro la mano, el viento lo empuja al vacío. Le pido que no se vaya a ninguna otra esquina, que no se aleje. Le digo que no quiero olvidarlo. Ese recuerdo es lo que queda de nosotros y si


lo pierdo: fin. No quiero que se vuelva la foto o la carta mentirosa de un viejo amor. Lo quiero conservar. Al menos de esta manera, sutil, chiquita, pero muchas veces más simpática que la verdad.

 

La casa sigue vacía. Pasan los días y esto se hace largo. Me encuentro con mi reflejo en los pasillos. Nos saludamos. Y nos reímos de lo que vemos. Mi reflejo se ríe de mí. Me enojo, le hago fuck you y sigo caminando como si no viera su media sonrisa burlona. Qué difícil es pelear con uno mismo. Cuesta amigarse. Hay que encontrar algún buen momento. Unos mates al atardecer para dejar de lado el orgullo y pedir perdón. Como un exnovio rencoroso, a misma me cuesta perdonarme. Hago un chiste para aflojar. Y a veces nada. Es tan grave lo que me dije que me cuesta la reconciliación. “Nos tenemos solo a nosotras. Recapacitá, que convivir en amargura y mal humor es más difícil”. Me corro la mirada. “Te zarpaste”, me dice. Tiene razón. Me zarpo. Soy mucho menos buena conmigo que con mi peor enemigo. Qué difícil esta convivencia. Siempre lo supe: la monogamia es una aventura casi imposible. Se requiere de mucho amor y un poco más de paciencia. La monogamia de conmigo misma se vuelve, sobre todo a la noche, insoportable. Y otra vez el fantasma del desamor. No me deja en paz. Va y vuelve. Va y vuelve. Es reincidente la cosa. A veces los recuerdos del desamor son más tóxicos que los virus que andan dando vueltas. Y para esto que no hay cura. La humanidad no la ha encontrado ni la encontrará jamás. El desamor es incurable. Hay paliativos, placebos momentáneamente efectivos. Charlas con amigos, risas, noches de vicios exagerados, un pote de helado, un chocolate caro, un romance vulgar. Pero es placebo. Y parece que este aislamiento social preventivo y obligatorio viene a recordár- melo. Indomable es el amor. Insoportable el desamor. Pesada la desilusión. Qué em- bole. Será que corremos tanto en la vida que olvidamos todo esto. Pero es una verdad amarga que escondemos bajo la alfombra. Pero para esta ocasión no hay aspiradora que alcance. Se aparece “esa” realidad y es innegable. Pero no aprendemos, es curioso. Cuando todo esto termine y el entusiasmo de afuera nos levante el ánimo volveremos a creer que el amor no es una mierda. No van a haber alcanzado cuarenta días y quinien- tas noches de verlo claramente. Otra vez volveremos a confiar en un nuevo ser humano que prometa “amor para siempre” y listo, hecha la trampa. Volveremos amar. Mortales. Inexplicablemente humanos. Tropezamos con la misma piedra. Tropezón cada vez más grande. La empírea no nos deja nada. Olvidamos la experiencia dolorosa y saltamos otra vez al vacío. Madre mía. Qué tontera tan evidente la del amor. Pero qué inevitable. Las ilusiones borronean los fracasos del pasado, y dale que va. Otra vez sometemos a la inestable emocionalidad de otro perfectamente desconocido que nos endulza con algún gesto amable, una caricia, una sonrisa.

Qué reiterativa e insistente me pongo con esto del “amor”. No debe ser lo importante... La casa sigue llena de viento y las calles repletas de vacío. Ese es el problema de hoy... qué amor ni qué amor...

 

Hoy la casa está más vacía que nunca. O tan vacía me siento yo que a la casa la vivo así, como a una parte de mí. Me representa y el silencio hace espejo de mi interior. Hoy casi de casualidad, aunque más bien diría sincronicidad, se me apareció un texto


de “Alicia en el país de las maravillas”. Parece que ese libro funciona como un I-Ching postmoderno y tiene todas las respuestas que buscamos las Alicias de este mundo no tan maravilloso. El texto que encontré dice y reza:

 

¿Pero me amas? preguntó Alicia.

¡No, no te amo! respondió el Conejo Blanco.

Alicia arrugó la frente y comenzó a frotarse las manos, como hacía siempre cuando se sentía herida.

¿Lo ves? dijo el Conejo Blanco.

Ahora te estarás preguntando qué has hecho mal, para que no consiga quererte al menos un poco, qué te hace tan imperfecta, fragmentada.

Es por eso que no puedo amarte.

Porque habrá días en los cuales estaré cansado, enojado, con la cabeza en las nubes y te lastimaré.

Cada día pisoteamos los sentimientos por aburrimiento, descuidos e incomprensiones.

Pero si no te amas al menos un poco, si no creas una coraza de pura alegría alrededor de tu corazón, mis débiles dardos se harán letales y te destruirán.

La primera vez que te vi hice un pacto conmigo mismo: «evitaré amarte hasta que no hayas aprendido a amarte a ti misma«.

Por eso, Alicia, no, no te amo. No puedo hacerlo.

Parece que esta cuarentena que ya no hace honor a su nombre, porque llevamos encer- rados algo más de cincuenta días y contando, viene a hablarme de mí misma. Aunque pido a gritos el auxilio de tu abrazo amoroso parece que la que tendría que abrazarse a misma, con más amor que el de tus goteros románticos, soy YO.

 

Sugiere este encierro, sugiere y grita: “Mirate a vos, ocupate de vos. Tirá de tu carro”. Como me dijo anoche al tarot. Porque cuando no queremos escuchar las respuestas obvias, recurrimos a astros y mancias mágicas a ver si ellas tienen algo más que contar que lo evidente. Pero no. Las respuestas son las mismas. Lo dicen los mil planetas que están retrogradando todos juntitos, tirándonos meteoritos metafóricos, poniéndonos a prueba a ver si sacamos nuestros héroes interiores y podemos contra toda esta bataola infernal. Nos lo dice el noticiero. Nos lo dicen las canciones, los mensajes que aparecen perceptibles en cada rincón. “No hay rincón en esta casa, que no te haga regresar”, dice un cantante en mis oídos. En mis oídos y en mis odios. Porque tenerte tan presente me llena de ¿odio? La presencia de tu ausencia me angustia y me alivia. Me alivia porque habla de mi amor, de mi capacidad de amar. Y eso sí que es mío y lo llevaré conmigo, mal que me pese, siempre. Siempre tuve la convicción de que cuando alguien ya no está, física o emocionalmente, en nuestras vidas es reconfortante sentir dolor. Porque ese dolor habla del amor que pudimos sentir. Y ese amor nos engrandece. Aunque hiera profundo.

 

Siempre vuelvo a hablar del otro. Parece que ese chip lo tengo bastante aprendido. Me esfuerzo por pensar en mí. Pero como moscas se me viene tu presencia, a veces clara a veces oscura. Cambio las sábanas que alguna vez durmieron con nosotros, limpio,


pongo una pila de ropa en el lavarropa a ver si algún quehacer concreto y por qué no psicomágico me ayuda a limpiarte. A limpiarme de vos. A limpiar esta casa llena de viento, llena de mí, llena de vos y llena de un nosotros que ya no es más nosotros.

 

Llegó el invierno. Lo anuncian los vientos y las lluvias de mi casa, que empezó llena de viento y ahora gotea. Truena todo. Pero de pronto... silencio. Silencio y algo de bienestar individual me acaricia. Me voy conociendo en esta soledad y algo de eso me enorgullece. Soy yo quien estará conmigo para siempre. Mejor llevarnos bien. Vamos cien días de encierro y tengo algo que agradecerle a este espacio obligatorio. Gracias por permitirme arremolinarme. Por darle lugar a mis enojos, por permitirme llorarme y reconocerme. Esto también soy. Soy todos mis dolores y mis alegrías, mis recuerdos y mi futuro incierto. Esa es mi oportunidad: no sé a dónde voy, entonces puedo ir a cualquier parte, siempre llevándome en mi bolso a mí misma. Y si en ese viaje, nos encontramos, será perfecto, pero si no... no habrá más remedio. Y estará bien así... Se irá el invierno. Pasarán las lluvias y los vientos, que seguro volverán a venir por con distintos colores y llenos de otros remolinos. Pero algo sé. A esta tormenta de encier- ro, no bien cómo, pero sobreviví. Soy distinta y la misma a la vez. Crecí, aparecí. Y empiezo a intuir que después de tanto viento, empieza a llegar olor a primavera.

 

* Argentina-2020

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LA CASA LLENA DE VIENTO

Esta obra se estrenó en formato digital en el marco del “Encuentro Iberoamericano de Dramaturgia del Confinamiento”, el 08 de Diciembre de 2020.

DIRECCIÓN

Aguasanta Rojas

 

INTERPRETE

Jeslin Valbuena

 

TÉCNICOS

Cámara: Edwin Corona Ramos

Teaser: Aguasanta Rojas, Edwin Corona Ramos Edición: Ivana Contreras

Asistente de Escena: Oriana Santos


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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LAS CENIZAS DEL DUQUE

Marcia Alejandra Césped Laplechade

 

 

 

Adaptación dramatúrgica del Cuento Noveno del “Decamerón”

 

NOVELA NOVENA


 

 

 

Personajes:

 

UNA SEŚORA DE LA CIUDAD


El rey de Chipre, reprendido por una dama de Gascuña,

de cobarde se transforma en valeroso.


UN PRESIDENTE (CONDE) EN LA CIUDAD

 

Una ciudad cubierta de ceniza.

En algunos lugares de la región la tierra se sacude. Los temblores son recurrentes al igual que la lluvia. Y el calor sofocante. Una habitación a medio construir. Unas ventanas cerradas. Un sillón presidencial. Un suelo de tierra o cemento. Piedras o agua. Da igual. De todas formas, seguirá temblando.

 

ACTO ÚNICO

 

PRESIDENTE.— ¿Entonces se queda? SEÑORA.— ¿Va a llamar a la policía? PRESIDENTE.— ¿Terminó?

SEÑORA.— Aún no.

PRESIDENTE.— Entonces no se va…

SEÑORA.— ¿A usted le pareció que había terminado? PRESIDENTE.— O sea… hizo una pausa… SEÑORA.— Claro… una pausa.

PRESIDENTE.— Pero larga… SEÑORA.— ¿Quiere que me vaya entonces?

 

El metrónomo que usaba la señora se detiene. Ella guarda el instrumento.


SEÑORA.— Podría haber llamado a su mamá. PRESIDENTE.— ¿A mi mamá?

SEÑORA.— ¿Por qué cuando le pasa algo no llama a su mamá? PRESIDENTE.— ¿Y qué pasó después?

SEÑORA.— ¿Después de qué? PRESIDENTE.— De la violación. SEÑORA.— Lloré.

PRESIDENTE.— No… SEÑORA.— Sí… PRESIDENTE.— No.

SEÑORA.— Que sí…

PRESIDENTE.— Que no me refiero a eso, sino a ellos. SEÑORA.— Se fueron a trabajar, supongo.

PRESIDENTE.— Ah… SEÑORA.— ¿AH?

PRESIDENTE.— Es que suele pasar.

SEÑORA.— ¿Que violen y después se vayan a trabajar? PRESIDENTE.— No… que llame a mi mamá cuando pasa algo. SEÑORA.— Qué pena debe sentir su hija…

PRESIDENTE.— ¿Mi hija?

SEÑORA.— Sí, su hija…

 

El presidente se descubre los pies. El presidente los mira.

 

SEÑORA.— El otro día vi a una primera dama traduciendo el discurso de su marido al lenguaje de señas…

PRESIDENTE.— ¿Era mi mujer? SEÑORA.— No.

PRESIDENTE.— ¿Era otra? SEÑORA.— SÍ…

PRESIDENTE.— Ahora todas las primeras damas no hablan por la boca. SEÑORA.— No tenía por qué gritar.

PRESIDENTE.— ¿A usted le parece que estoy gritando? SEÑORA.—

PRESIDENTE.— ¿Por qué dejó de tocar? ¿Cómo se llama? SEÑORA.— Gabriela.

PRESIDENTE.— ¿Como la ley? SEÑORA.— ¿La ley Gabriela?

PRESIDENTE.— La promulgué el año pasado. SEÑORA.— Después que mataron a esa mujer. PRESIDENTE.— Claro…

SEÑORA.— Después que la mataron… PRESIDENTE.— ¿Podría dejar de moverse? SEÑORA.— Me duele la vagina.

PRESIDENTE.— Los hombres estamos en peligro…


SEÑORA.— Se lo a otro presidente.

PRESIDENTE.— Sobre todo los que somos feos… Yo soy un duque… SEÑORA.— ¿Ah, sí?

PRESIDENTE.— Nos acusan de acoso. SEÑORA.— Qué pena siento por su madre ahora. PRESIDENTE.— No toque a mi madre.

SEÑORA.— Ellos la tocaron primero… PRESIDENTE.— Son sus tíos…

SEÑORA.— Que están viejitos… claro… pobre de usted que debe cargar con todo eso.

PRESIDENTE.— ¿Pobre yo?

SEÑORA.— Qué bueno que puede hacerse exámenes… PRESIDENTE.— No entiendo… ¿puede dejar de moverse?

SEÑORA.— Exámenes psicológicos, pobrecito usted que debe mirar una mariposa y ver un tanque.

 

El presidente vuelve a tapar sus zapatos. La mujer se descubre un seno.

 

PRESIDENTE.— No soy esclavo de nadie…

SEÑORA.— Le perturba el silencio, parece, las pausas.